En el Líbano, las autoridades sanitarias informan que más de 2.000 personas han muerto y más de 6.400 han resultado heridas por los ataques israelíes que afectan al país desde principios de marzo, lo que supone una grave repercusión local en términos de víctimas y daños materiales. Las cifras, difundidas por el Ministerio de Salud Pública, reflejan la magnitud del impacto sobre la población civil y los servicios sanitarios.
El Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio comunicó que el total de víctimas asciende a 2.020 fallecidos y 6.436 heridos. Los datos incluyen edades y sexos de los afectados y detallan pérdidas en el sector sanitario.
Según el ministerio, entre las víctimas hay 165 menores, 248 mujeres y 1.607 hombres; además se reportan 85 trabajadores sanitarios muertos y 188 heridos. Las autoridades indican que 23 centros de salud han sido atacados y que seis hospitales han tenido que cerrar por la ofensiva.
En la jornada más reciente, alrededor de una veintena de personas murieron en una serie de bombardeos en el sur del país, en paralelo a conversaciones en Islamabad entre Irán y Estados Unidos encaminadas a poner fin a la ofensiva iniciada semanas atrás. Las conversaciones no han detenido la escalada en el terreno.
En una jornada anterior, considerada la más letal hasta ahora, al menos 357 personas murieron y 1.223 resultaron heridas en una oleada de bombardeos que duró apenas diez minutos y afectó a distintos puntos del territorio. El episodio elevó la preocupación por la intensidad y la rapidez de los ataques.
Los ataques prosiguen pese al anuncio de la presidencia libanesa sobre un primer contacto telefónico con Israel para discutir un alto el fuego, lo que provocó protestas de simpatizantes de Hezbolá por no estar presentes en las negociaciones. Las movilizaciones se producen en un momento de tensión social y política.
Ante las concentraciones, Hezbolá y su aliado Amal publicaron un comunicado conjunto instando a no manifestarse durante la delicada coyuntura para evitar “cualquier división deseada por el enemigo israelí”. El llamamiento busca contener posibles enfrentamientos internos.
Varios bombardeos alcanzaron zonas de mayoría musulmana suní en Beirut y áreas mixtas de sus suburbios, mientras el Ejército israelí advertía sobre la expansión de Hezbolá a zonas capitalinas fuera de los llamados bastiones chiíes. Observadores señalan que estos actos y declaraciones pueden interpretarse como un intento de provocar tensiones entre las comunidades religiosas y generar un estallido de violencia interna.


