En Oaxaca, fuerzas federales reforzaron la vigilancia en la zona del descarrilamiento del Tren Interoceánico y restringieron el paso a varios kilómetros alrededor del lugar, en una medida que afecta a comunidades cercanas.
Elementos de la Guardia Nacional realizaron recorridos a pie por brechas paralelas a las vías desde las inmediaciones de Chivela, situada a aproximadamente cuatro kilómetros del punto del accidente.
Habitantes relataron que, en los días siguientes al siniestro, la vigilancia se concentró en controlar el acceso sobre las vías sin que se registraran patrullajes más cercanos para impedir el paso a la zona de riesgo.
“Ya no hay paso. Si gusta regresar por donde entró”, dijo un agente al frente de otros siete elementos de la Guardia Nacional, según testigos en el sitio.
Personal de la Marina-Armada de México, armado y apostado a un costado de las vías, también restringía el acceso a la llamada “zona cero” alegando razones de seguridad.
La curva conocida como “La Herradura”, entre Nizanda y Chivela en el Istmo de Oaxaca, fue el tramo donde se produjo el descarrilamiento; habitantes de la región se organizaron de inmediato para colaborar en las tareas de rescate.
La estación de Chivela de la denominada Línea Z del Corredor Interoceánico sirvió como punto de traslado de personas lesionadas hacia hospitales de la región.
Vecinos de Chivela permanecían sin servicio de energía eléctrica desde días después del accidente y bloquearon la carretera 185, que conecta Juchitán y Matías Romero, para exigir una respuesta de la CFE.
Debido a la topografía sinuosa de la zona, las autoridades continuaron desplazándose hacia el lugar del accidente en vehículos adaptados para rodar sobre las vías.
El descarrilamiento en la línea que conecta los puertos de Salina Cruz, Oaxaca, y Coatzacoalcos, Veracruz, dejó un saldo de 13 personas fallecidas y 109 lesionadas, que fueron trasladadas a hospitales en varias ciudades.


