Las autoridades rusas dijeron haber extraído y descifrado datos de un dron ucraniano derribado que, según sostienen, demostrarían que el objetivo era una residencia presidencial en la región de Nóvgorod; anunciaron que entregarán esos materiales a Estados Unidos. El hallazgo, de confirmarse, tendría implicaciones directas para la seguridad de las instalaciones presidenciales y para el entorno político local.
Moscú acusó a Kyiv de intentar atacar la residencia del presidente Vladimir Putin con una oleada de drones de largo alcance y afirmó que reconsiderará su postura en las negociaciones con Estados Unidos sobre el conflicto en Ucrania. La versión rusa sitúa el episodio como parte de una escalada que condicionaría los diálogos internacionales.
Ucrania y varios países occidentales rechazaron la narrativa rusa y calificaron las acusaciones como infundadas. La disputa ha generado versiones contrapuestas sobre los objetivos y la intención detrás del lanzamiento de drones.
El Ministerio de Defensa ruso publicó un comunicado en el que aseguró que el descifrado de los datos de enrutamiento reveló que el objetivo final era una instalación vinculada a la residencia presidencial en Nóvgorod. El texto añadió que los materiales recopilados serían remitidos a Washington por los canales establecidos.
Medios informaron que funcionarios de seguridad nacional de Estados Unidos habrían concluido que Ucrania no había dirigido el ataque contra Putin ni contra alguna de sus residencias, aunque esa versión no fue confirmada de forma independiente por todas las partes. Las divergencias entre fuentes estadounidenses y rusas mantienen la controversia abierta.
El presidente de Estados Unidos expresó inicialmente simpatía por la acusación rusa y dijo que Putin le había comunicado su enfado, pero posteriormente mostró más escepticismo y amplió en redes sociales críticas dirigidas a Moscú por obstaculizar la paz. Las reacciones políticas han oscilado entre la condena y la cautela informativa.
Ucrania negó haber llevado a cabo ese ataque y calificó la acusación como parte de una campaña de desinformación destinada a erosionar las relaciones entre Kyiv y Washington tras la reciente reunión entre sus líderes. El intercambio de versiones complica la ya tensa relación entre las capitales implicadas.


