En León, varios monumentos y placas recuerdan a los llamados “mártires” de un episodio de violencia ocurrido en la plaza principal, y su presencia sigue teniendo relevancia local por los sitios que ocupan en la ciudad. En el panteón de San Nicolás, considerado el más antiguo de la localidad, se instaló un monumento modesto que pasa desapercibido para la mayoría de los visitantes.
El monumento se ubica en la sección antigua, cerca de la capilla y la fuente del acceso principal, y consiste principalmente en una placa con nombres numerados hasta el 26. La inscripción muestra la mayoría de los nombres incompletos, sin datos sobre edades ni lugares de origen, lo que dificulta la identificación plena de las víctimas.
El personal del cementerio informó que, ante la cercanía del aniversario del suceso, se realiza una limpieza general alrededor del monumento, que normalmente recibe pocas visitas. La placa incluye nombres como Guillermo Tapia, J. Luz González, Manuel Rivas, Pascual Solís Calvillo y otros que suman 26 en total, entre ellos José Gutiérrez.
En el Centro Histórico, en la esquina del Portal Guerrero y Benito Juárez, hay una placa metálica que identifica la denominación del espacio como plaza dedicada a los mártires, aunque su estado de conservación dificulta la lectura y no ofrece contexto histórico. Frente a la Catedral, en la plaza Benedicto XIV, se ubica un mural de bronce del escultor Arturo Tavares, donde se representa parcialmente el pasaje de la masacre en la plaza principal.
El mural, realizado en bajo relieve, pesa alrededor de 60 toneladas y, según documentos del Archivo Histórico de León, supuso un costo significativo. En la parte inferior aparece una leyenda que rememora a las víctimas y alude a la compasión, el amor y el perdón como elementos que sanan las heridas del tiempo.
Frente a la Presidencia Municipal, en la zona peatonal, hay otra placa de bronce que replica el banderín que utilizó una ambulancia de la Cruz Roja en el incidente y recuerda la muerte del voluntario Ignacio Horta González, ocurrida mientras cumplía con su labor. Esa placa fue colocada por el consejo directivo local en una gestión anterior.
Investigaciones y memorias históricas señalan que la ciudad vivió un clima de duelo tras los hechos y que el funeral tuvo una masiva concurrencia de habitantes que acompañaron a las víctimas. Entre las personas mencionadas en distintos relatos aparecen nombres como Ignacio Horta, Genaro Aguado y María del Pilar Ramírez, identificada en algunos registros como una niña; además, se consignan decenas de heridos.
Fuentes históricas citan también reuniones de autoridades y vecinos en los días posteriores al suceso, en las que se evaluaron las consecuencias ciudadanas del episodio. La presencia dispersa de monumentos, placas y un mural refleja la memoria colectiva local, pese a la falta de información completa en algunos de los recordatorios públicos.




