La captura de Nicolás Maduro y el anuncio de que Estados Unidos asumiría temporalmente el control de Venezuela generan incertidumbre en América Latina y preocupación entre las comunidades venezolanas en Estados Unidos por el posible impacto regional y sobre recursos estratégicos.
El historiador Miguel Tinker Salas afirmó que la acción no responde a una defensa de la democracia ni al control del narcotráfico, sino a intereses petroleros y a la intención de establecer una hegemonía de la derecha en el continente.
Tinker Salas expresó su inquietud por la falta de un plan claro para la gobernabilidad inmediata de Venezuela, advirtiendo que la ausencia de diseño político podría derivar en un país fragmentado y en mayor incertidumbre para la población.
El gobierno estadounidense trasladó a Nicolás Maduro a Nueva York para enfrentar cargos federales por narcotráfico, y su presidente anunció que Estados Unidos dirigiría el país hasta que se produzca una transición “apropiada”, sin detallar cómo se implementaría ese control temporal.
El historiador señaló además la complejidad de gobernar Venezuela, marcada por divisiones internas tanto en la derecha como en la izquierda, y remarcó el riesgo que representan grupos delictivos con capacidad de afectar infraestructuras petroleras.
También advirtió que la intervención podría provocar un resurgimiento del nacionalismo venezolano, factor que impulsó en su momento a movimientos como el que llevó a Hugo Chávez al poder y que heredó el actual gobierno.
Críticas surgieron porque el discurso oficial estadounidense, según analistas, priorizó el acceso al petróleo por encima de la defensa de la democracia; en ese contexto se informó que líderes políticos venezolanos considerados por Washington no cuentan con consenso interno.
Varias naciones de la región y Europa manifestaron su preocupación y rechazaron cualquier intento de control externo sobre recursos naturales o estratégicos, subrayando la importancia de que los países latinoamericanos mantengan una posición conjunta.
El operativo también tuvo repercusiones en la política doméstica estadounidense: la falta de consulta previa con el Congreso fue vista como un golpe a su autoridad, y voces dentro del propio espectro conservador criticaron la intervención por considerarla contraria a la postura de “Estados Unidos Primero” y por el posible efecto en flujos migratorios.


