En la Ciudad de México, el estreno de la película Una canción sobre lo que sea pone de relieve la dificultad del cine mexicano independiente para encontrar público ante la competencia de producciones hollywoodenses y las plataformas de streaming. La cinta llegará a salas de varias ciudades del país, lo que subraya su relevancia local y el esfuerzo por abrirse espacio en el circuito comercial y alternativo.
El director José Luis Isoard señala que el desafío actual no es la falta de cámaras, sino competir por audiencias y conseguir exhibición en salas, en un contexto de reciente descenso en la asistencia cinematográfica. Para el realizador, la competencia con las grandes plataformas complica que proyectos pequeños consigan un espacio visible.
Isoard reconoce que escribió el guion sin pensar en un público específico, un enfoque que califica como error frente a las dinámicas contemporáneas del largometraje, aunque defiende que el cine debe ante todo entretener y entusiasmar a quien lo crea. El filme se rodó en 12 días con un presupuesto aproximado de 25.000 pesos.
La producción pone en primer plano la frustración creativa asociada al bajo presupuesto y la falta de apuestas por parte de la industria, circunstancia que empuja a muchos cineastas a acercarse a las plataformas de streaming en busca de visibilidad y recursos. Esa tensión es eje temático de la película.
La historia utiliza recursos de metacine para seguir a Helena, interpretada por Camila Acosta, una cantante frustrada que intenta grabar un sencillo y abrirse paso como actriz, pero cuya ansiedad social le impide insertarse en producciones de mayor escala. El relato explora barreras económicas, sociales y psicológicas.
La actriz comenta que el personaje permitió visibilizar la presión que enfrentan intérpretes con ansiedad social, especialmente frente a la exigencia de exponerse en redes para acceder a castings. Señala que los algoritmos privilegian la imagen y obligan a mostrar el aspecto físico para obtener visibilidad, en detrimento de las ideas personales.
Acosta considera que la historia puede generar empatía entre artistas que han dudado de su camino y aboga por redefinir el concepto de éxito en el arte, más allá de premios o fama momentánea, en una industria que cambia con rapidez y deja a veces perfiles en desuso en poco tiempo.
La distribución a cargo de la empresa Benuca Films permitirá estrenos en once ciudades, incluidas capitales como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, mediante lo que el equipo describe como «estrenos artesanales» que pueden llevar la película incluso a espacios no convencionales. Ese circuito, junto con cines independientes, ofrece una vía de exhibición que muchas producciones pequeñas no tendrían de otra forma.
En México existen miles de salas, la mayoría en cadenas comerciales, mientras que alrededor del 30 % corresponde a nuevas cadenas o cines independientes, un ecosistema que, según los realizadores, da vida a proyectos que de otro modo se perderían en plataformas masivas. La película tendrá funciones en salas comerciales e independientes de la capital, entre ellas Cine Tonalá y Film Club Café.




