La llamada austeridad republicana volvió a quedar en entredicho. Quirino Ordaz y Josefina Rodríguez Zamora, ambos vinculados a la Secretaría de Turismo, fueron captados en el palco de honor del Santiago Bernabéu, uno de los espacios más exclusivos —y costosos— del fútbol mundial.
La escena es contundente: asientos privilegiados, trato de élite y, justo delante, el técnico multicampeón Carlo Ancelotti dirigiendo al Real Madrid. Una postal de lujo europeo que contrasta frontalmente con el discurso oficial que, desde el poder, insiste en la sobriedad, el sacrificio y la cercanía con el pueblo.
El problema no es el fútbol ni el viaje en sí; es la incongruencia. Mientras en México se predica contención del gasto, se descalifican excesos del pasado y se exige austeridad a funcionarios y ciudadanos, representantes del gobierno federal aparecen disfrutando de privilegios reservados para las élites internacionales.
En política, la imagen también gobierna. Y el mensaje que deja el palco del Bernabéu es difícil de conciliar con la narrativa de la austeridad republicana: Europa, palco VIP y trato preferencial, todo en la primera fila. No es solo una contradicción estética; es una fisura en el discurso que, una vez más, pone en duda la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.


