La legislación mexicana obliga a que los autos nuevos incorporen bolsas de aire frontales y frenos ABS, pero la flota circulante aún incluye millones de vehículos sin estas asistencias, entre ellos modelos como Aveo, Tsuru, Chevy y las primeras generaciones del Grand i10, Beat o Attitude. Esto aumenta el riesgo de colisiones y la exposición de peatones y otros usuarios a consecuencias más graves en maniobras de emergencia.
Técnicamente, el ABS evita el bloqueo de las ruedas durante una frenada intensa al modular la presión hidráulica en las pinzas o tambores, lo que mantiene tracción lateral y permite conservar la capacidad de direccionar el vehículo. Sin ABS, el bloqueo provoca un deslizamiento longitudinal de las ruedas: el vehículo pierde estabilidad direccional y la capacidad de esquivar obstáculos, fenómeno que suele acompañarse del chirrido de las llantas.
En frenadas bruscas sin ABS la práctica recomendada es modular el freno mediante pulsos (frenado intermitente): aplicar presión firme hasta detectar el bloqueo (o el chirrido), soltar momentáneamente para recuperar la rotación y volver a presionar. Este método busca mantener adherencia en los neumáticos y acortar la distancia de detención, pero requiere tiempo de reacción y entrenamiento para ejecutarlo de forma eficaz en una emergencia.
El impacto en dinámica de vehículo incluye mayor distancia de frenado y mayor probabilidad de accidentes secundarios (por pérdida de control o trompos). Además, la ausencia de ABS suele ir acompañada de la falta de control electrónico de estabilidad (ESC) y control de tracción, lo que agrava la respuesta en situaciones de pérdida de adherencia.
En curvas, los autos sin estas ayudas son más propensos al subviraje, especialmente los de tracción delantera: al perder agarre, el vehículo “se va de frente” hacia el exterior de la curva. La técnica preventiva es reducir la velocidad antes de entrar en la curva y evitar maniobras bruscas que provoquen transferencias de carga. Si el subviraje ya ocurre, lo adecuado es reducir suavemente el acelerador para cargar ligeramente el eje delantero y, si es posible, enderezar la dirección para recuperar tracción. Como medida extrema y con alto riesgo si no se domina, el bloqueo controlado del eje trasero mediante freno de mano mecánico puede ayudar a rotar el vehículo; su uso debe reservarse a conductores entrenados.
Estas maniobras y correcciones tienen utilidad práctica directa: reducen la probabilidad de impacto o minimizan la severidad del choque si se aplican correctamente. Sin embargo, su efectividad depende de la pericia del conductor, el estado de los neumáticos y del sistema de frenos, y de las condiciones de la vía.
Conclusión operativa: mantener mayor distancia de seguimiento, revisar y mantener en buen estado frenos y neumáticos, practicar frenado intermitente y control en maniobras en un entorno seguro, y priorizar la sustitución por vehículos con ABS/ESC cuando sea posible, son medidas que mitigan el riesgo asociado a circular en un automóvil sin estas asistencias.


