El Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México establece obligaciones técnicas para la dotación de elementos de seguridad en los vehículos. En su artículo 40 se especifica que cada conductor debe verificar que su vehículo cuente con los equipos y condiciones adecuadas según su naturaleza.
Entre las exigencias figura que los neumáticos deben estar en condiciones que garanticen la seguridad y que el vehículo disponga de un extintor, dos señalamientos reflectantes o luminosos, neumático de refacción y la herramienta adecuada para su cambio o reparación. Como alternativa al repuesto físico se aceptan neumáticos que permitan la circulación sin presión o sistemas auxiliares que permitan rodar con seguridad con un neumático ponchado, así como kits de sellado.
El cumplimiento de estas disposiciones tiene una utilidad directa en la reducción de la probabilidad de inmovilización y de la exposición a riesgos en carretera: facilita la reparación o sustitución inmediata, minimiza el tiempo de detención y reduce la exposición del conductor y ocupantes a situaciones de riesgo en vía pública.
No portar los aditamentos obligatorios se sanciona con multas equivalentes a 5, 7 o 10 veces la Unidad de Medida y Actualización vigente, lo que corresponde aproximadamente a 586.5, 819.21 o 1,173 pesos, según la graduación de la falta. La sanción tiene impacto operativo para el conductor y económico por el pago y posibles costos adicionales de remolque o servicios.
Las causas más frecuentes de pinchazos incluyen objetos punzantes en el pavimento, impactos por baches y daños por deformación o desgaste del neumático. En carretera, un neumático pinchado a altas velocidades aumenta la probabilidad de pérdida de control y de accidentes secundarios, por lo que la prevención y la respuesta inmediata son críticas.
Prevención práctica: antes de salir es recomendable comprobar la presión y el estado de la llanta de refacción, verificar que la herramienta (gato, llave de tuercas, pernos de seguridad si aplica) sea la adecuada y confirmar que se cuenta con el conocimiento básico para realizar el cambio en condiciones seguras. En trayectos a alta velocidad la dificultad y el riesgo de cambiar una llanta aumentan significativamente.
Si el vehículo equipa neumático de refacción tipo “galleta”, su uso presenta limitaciones operativas: son más angostas y no están diseñadas para largos recorridos ni altas velocidades. La recomendación técnica habitual es limitar su uso a aproximadamente 80 km y a una velocidad máxima de 80 km/h, reemplazándolo o reparando el neumático original a la brevedad.
Los kits de sellado ofrecen una solución temporal que puede permitir continuar la marcha hasta un taller, pero tienen limitaciones según el tipo y tamaño del daño. Los neumáticos run-flat o sistemas auxiliares permiten rodar con menor riesgo tras una pérdida de presión, pero requieren verificación y mantenimiento específicos.
Impacto para la movilidad: disponer de los elementos requeridos reduce la probabilidad de detenciones prolongadas, disminuye costos asociados a asistencia vial y remolque, y mitiga riesgos de seguridad vial. La ausencia de dichos elementos incrementa la vulnerabilidad del viaje y la probabilidad de sanciones administrativas.
En términos operativos, la combinación de inspecciones preventivas periódicas, dotación correcta de repuestos o sistemas auxiliares, y formación básica para el cambio de neumáticos constituyen medidas técnicas que mejoran la seguridad y la continuidad del desplazamiento.


