Dr. Daniel Alberto Díaz Martínez
El sistema de salud mexicano enfrenta un desafío que va más allá de la infraestructura y los presupuestos: lograr que la calidad y la calidez de la atención médica sean una realidad cotidiana en hospitales y clínicas de primer nivel. Porque recibir atención oportuna y humana no debería ser cuestión de suerte, sino un derecho garantizado.
En el discurso político se habla de cobertura universal, de medicamentos gratuitos y de un sistema accesible para todos. Sin embargo, la experiencia diaria de los pacientes revela un panorama distinto: servicios fragmentados, diferencias marcadas entre el sector público y privado, y una brecha dolorosa entre zonas urbanas y rurales. Esta distancia entre lo que se promete y lo que se vive genera frustración y desconfianza. El paciente, muchas veces, se siente invisible.
La calidad de la atención depende de contar con infraestructura adecuada, equipamiento moderno y personal capacitado. Pero en México persisten problemas como el desabasto de medicamentos, equipos obsoletos y una sobrecarga de trabajo que limita la capacidad de los médicos para dedicar tiempo suficiente a cada persona. La consecuencia son diagnósticos erróneos, tratamientos incompletos y complicaciones que pudieron evitarse.
La calidez, por su parte, es el rostro humano de la medicina. Es la empatía, el respeto y la compasión que hacen que un paciente se sienta acompañado en su proceso de recuperación. Lamentablemente, la saturación de los servicios y la burocracia han deshumanizado la atención. Cuando falta la calidez, el paciente deja de ser persona y se convierte en un número más en la estadística.
Según el Observatorio Iberoamericano de Humanización de la Salud (OISS) se definieron 22 indicadores de calidad y humanización, de los cuales 18 son cuantitativos (tiempos de espera, acceso a información, satisfacción) y 4 cualitativos (percepción de respeto, empatía, trato digno, comunicación).
Estos indicadores se aplican en instituciones de seguridad social de países como España, Colombia, Argentina y México.
La literatura disponible muestra que la humanización de la atención se asocia directamente con mejores resultados clínicos y mayor confianza en el sistema de salud. Sin embargo, la saturación de servicios y la burocracia siguen siendo obstáculos comunes en la región.
La crisis sanitaria del COVID-19 evidenció que la falta de comunicación clara y acompañamiento emocional incrementó la percepción de deshumanización en hospitales.
La calidez se mide principalmente a través de encuestas de satisfacción y percepción del trato digno. Los hospitales privados muestran mejores resultados que los públicos. Existen indicadores regionales que buscan estandarizar la medición de la humanización, pero aún falta implementación sistemática.
La tendencia común es la sobrecarga de servicios y la falta de capacitación en comunicación y empatía son los principales factores que limitan la calidez en la atención médica.
El reto, entonces, no es únicamente técnico o financiero. Es cultural. Necesitamos un cambio de visión que alinee la retórica política con acciones concretas, que invierta en infraestructura, pero también en la formación humanística del personal de salud. Porque la medicina no solo cura cuerpos, también sana emociones.
La construcción de un sistema de salud digno requiere el compromiso de todos: gobierno, instituciones y profesionales. La meta es clara: que cada mexicano, sin importar su condición social o geográfica, reciba atención con calidad y calidez.
La salud es un tesoro. Cuidémosla y trabajemos juntos para un futuro más saludable y próspero para todos.
Calidad y calidez en la atención médica: un reto pendiente
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