En Teherán, un ataque contra depósitos de combustible dejó la capital envuelta en una nube tóxica, causó cuatro muertos y motivó advertencias de las autoridades ambientales a la población local.
La nube, descrita como una mezcla de lluvia y humo, afectó varias zonas de la ciudad y generó preocupación por la calidad del aire y la salud pública.
La Organización de Protección Ambiental instó a los residentes a no salir a las calles y permanecer en sus casas ante la toxicidad percibida, en una área metropolitana que supera los 12 millones de habitantes.
Las autoridades iraníes informaron que los impactos alcanzaron cuatro instalaciones de almacenamiento y un centro de transferencia de productos petrolíferos, según la Compañía Nacional Iraní de Distribución de Productos Petrolíferos.
El Ministerio de Exteriores calificó el ataque de «ecocidio» y advirtió sobre daños a largo plazo en la salud, la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas, y pidió sanciones por lo que consideró violaciones del derecho internacional.
Por su parte, el Ejército israelí reconoció haber atacado depósitos de combustible que, en su versión, eran utilizados por fuerzas armadas iraníes, en el marco del conflicto en curso.


