Lo más importante: empieza con moderación. Una porción habitual es de 150–200 ml al día, fácil de incluir en el desayuno o como colación.
Formas prácticas de disfrutarlo: añádelo a smoothies, acompáñalo con fruta fresca o úsalo como base para bowls con avena o semillas. Es una forma sencilla de sumar probióticos y fibra a la dieta.
Ten en cuenta posibles efectos iniciales. Algunas personas notan gases o molestias digestivas al principio, así que introdúcelo poco a poco y deja que tu cuerpo se adapte. Si las molestias persisten, consulta a un profesional de la salud.


