Rolando Daza
Apunte:
Si no vives en Medio Oriente, quizás aún no hayas notado el impacto de la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán en tu economía familiar o en la economía del país. En cuestión de semanas, los expertos pronostican un mayor aumento en el precio de la gasolina, los alimentos y muchos otros productos.
Esta guerra está presentando una economía global cimentada en torno a los combustibles fósiles y la penetración del petróleo en nuestras vidas.
El cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz, ha desatado una carrera por el petróleo. Los precios se han disparado y los principales países petroleros han tenido que reducir la producción a medida que se vacían los tanques de almacenamiento.
China, Estados Unidos y algunos otros países tienen reservas que alcanzan para algunas semanas de consumo (¿nuestro país tendrá reservas para esta situación?). Otros no están tan preparados; países más pobres, como Pakistán y Bangladesh, con reservas de gasolina para apenas unos días, serán los que más sufrirán las consecuencias.
Este es un momento peligroso para el mundo ya que para mucho se necesita del petróleo. Lean este comentario sobre un equipo fabricado con petróleo y gas. El gas contribuyó a producir el fertilizante que hizo posible su última comida. Y podría seguir enumerando ejemplos.
André O. Hudson, profesor de bioquímica en el Instituto Tecnológico de Rochester, señala: “Si bien el combustible es un producto muy conocido, en realidad representa solo una parte de lo que se produce a partir del petróleo crudo. El proceso de refinación genera una amplia gama de materiales derivados del petróleo que se utilizan para fabricar artículos cotidianos, como plásticos, medicamentos, productos electrónicos, cosméticos, fibras textiles y artículos para el hogar. Las turbinas eólicas, los paneles solares y los vehículos eléctricos contienen componentes plásticos derivados de productos petroquímicos”.
Economistas temen que una de las consecuencias, grave para los países, sea el aumento de los precios de los alimentos. La producción de alimentos depende en gran medida de la energía. El combustible impulsa la maquinaria agrícola, los sistemas de riego y las redes de transporte que llevan los alimentos a los mercados. La energía también es crucial para el procesamiento, la refrigeración y el transporte a larga distancia. Los fertilizantes son otro eslabón clave, ya que se producen principalmente con gas natural. Cuando aumentan los costos para los agricultores, acaba repercutiendo en los precios de los alimentos.
Este conflicto confirma algo que sabíamos: el mundo y México, seguimos necesitando del petróleo. Además, manifiesta algo que nuestro gobierno no menciona o reconoce públicamente, la dependencia de la importación del petróleo y sus derivados es más arriesgada en un mundo que está bajo presión.
Si la economía del país se encuentra sin crecimiento, casi estática, la inflación crece, no hay nueva inversión y al gobierno se le acaba el dinero, mediten sobre un posible estancamiento de la vida productiva.


