En Bagdad fue liberada la periodista estadounidense Shelly Kittleson, quien había estado retenida tras un secuestro, informó un funcionario iraquí con conocimiento directo del caso. La liberación tuvo lugar por la tarde, según la fuente, que habló bajo condición de anonimato por no estar autorizada a dar declaraciones públicas.
El grupo armado Kataeb Hezbolá anunció horas antes que había decidido dejarla en libertad y exigió que abandonara el país de inmediato. En su comunicado, el grupo atribuyó la decisión a “la apreciación de las posturas patrióticas” del primer ministro saliente, sin ofrecer más detalles, y advirtió que la medida “no se repetirá en el futuro”.
Funcionarios iraquíes y estadounidenses habían señalado previamente al mismo grupo como presunto responsable del secuestro, aunque Kataeb Hezbolá no lo había reconocido oficialmente hasta ese anuncio. Miembros de la milicia indicaron que la liberación se produciría a cambio de la liberación de varios detenidos pertenecientes al grupo.
Según autoridades consultadas, en el operativo de secuestro participaron dos vehículos; uno de ellos chocó durante una persecución cerca de la localidad de al-Haswa, en la provincia de Babil, y la periodista fue trasladada posteriormente a un segundo automóvil que huyó del lugar. Las negociaciones para su liberación enfrentaron obstáculos debido a la dificultad de contactar a los líderes de la milicia.
Fuentes de seguridad señalaron que los comandantes de los batallones de Kataeb se mantienen ocultos y no mantienen líneas de comunicación abiertas, lo que complicó los intentos de mediación. Las autoridades iraquíes dijeron estar dispuestas a liberar a seis miembros de la milicia que se encuentran detenidos, en su mayoría vinculados a ataques contra una base estadounidense en Siria.
Kittleson, de 49 años, es una periodista independiente con base en Roma que ha trabajado durante años en Oriente Medio, con cobertura destacada en Irak y Siria. Como freelance, a menudo trabajaba con recursos limitados y sin las protecciones que brindan las grandes organizaciones periodísticas.
Funcionarios estadounidenses habían advertido a la periodista sobre amenazas en su contra antes de su entrada reciente en Irak, pero ella decidió permanecer en el país. El Departamento de Estado de Estados Unidos no respondió de inmediato a solicitudes de comentarios.


