En Ciudad de México, filtros hechos con cabello humano se están probando en los canales de Xochimilco con la expectativa de mejorar la calidad del agua y favorecer el regreso del ajolote a su hábitat histórico.
En uno de los refugios de Xochimilco, Josefina y su esposo Roberto resguardan un ajolotario que comenzó con dos ejemplares y hoy alberga más de 60 individuos y decenas de huevecillos, con la intención de reintroducirlos en los canales.
Especialistas señalan que el ajolote prácticamente ha desaparecido de la zona en la última década, con censos que pasaron de registrar menos de 300 ejemplares por kilómetro cuadrado a no detectar presencia de la especie.
La contaminación del agua es identificada como la causa principal, con descargas domésticas y comerciales, presencia de bacterias y metales pesados que deterioran los ecosistemas acuáticos.
Para enfrentar este problema se colocan filtros construidos con cabello humano; cada dispositivo incorpora cerca de un kilo de pelo y puede retener hasta cinco veces su peso en contaminantes.
Los dispositivos se prueban sujetos a trajineras y en las orillas de los cauces; desde el inicio del proyecto se han instalado ya una veintena de filtros con el objetivo de llevar la tecnología a las embarcaciones que recorren los canales.
Los promotores del proyecto estiman que multiplicar el número de trajineras equipadas permitiría una limpieza continua del agua en los recorridos diarios por Xochimilco.
Tras permanecer alrededor de dos meses en el agua, los filtros se retiran y se tratan con bacterias que descomponen aceites y grasas, lo que facilita su reutilización o su integración al suelo sin generar residuos problemáticos.
Responsables de la iniciativa explican que la estructura del cabello facilita la adhesión de hidrocarburos y otras sustancias, una propiedad aprovechada también en respuesta a derrames de petróleo en otras regiones, donde se ha capacitado a comunidades para su uso seguro.
Los expertos advierten que la efectividad del método depende de las condiciones del derrame o contaminación y que la disposición del material implica riesgos que deben gestionarse adecuadamente, como posibles quemaduras u otros impactos para la salud.
Para abastecer la fabricación de los filtros, la organización conformó una red de 33 estéticas y barberías que recolectan en promedio dos kilos de cabello por establecimiento cada mes, material que se procesa para los dispositivos.
Propietarios y clientes de las barberías consultadas describen satisfacción por contribuir al proyecto; los promotores sostienen que la iniciativa forma parte de una red internacional que utiliza el cabello para la remediación de agua y suelos y busca ahora escalar en México como un modelo de negocio colectivo y sostenible.


