Rolando Daza
Apunte:
En Contactos anteriores comentábamos que Donald Trump ha revitalizado la Doctrina Monroe (1823) bajo la justificación de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos para frenar el narcotráfico y evitar estados fallidos. Esta postura reafirma el dominio del imperio en América, utilizando sanciones, presión y amenazas de intervención para combatir el narcotráfico y limitar la influencia de China en la región.
En nuestro caso, hemos tenido diversas señales que esta postura va en serio. Y no hemos hecho nada para minimizarla. Las últimas señales fueron para anticipar que vendría un golpe: El mensaje del embajador Johnson en contra de la corrupción desde Los Mochis, Sinaloa. Además, el reportaje de Los Angeles Times sobre la próxima campaña anticorrupción contra funcionarios y políticos mexicanos, indicando la revocación de la visa del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Los señalamientos no son recientes, desde la elección de 2021, medios locales mostraban la participación del Cártel de Sinaloa en los comicios para favorecer al entonces candidato; luego la “entrega” de Ismael el “Mayo” Zambada, la fractura del Cártel y la violencia entre Chapitos y Mayiza y todo siguió igual en ese estado y en el gobierno.
Al día, la historia cambió, se presenta el expediente de presuntos narcopolíticos consignado ante un juzgado en Nueva York, todos acusados de delitos de tráfico de drogas y relacionados con armas.
Los alcances de ese expediente son graves, como también enredado de resolver para la presidenta Sheinbaum, a quien Johnson pidió en enero que actuara contra políticos vinculados con el crimen organizado, para evitar que lo hiciera el Departamento de Justicia, siendo tibio su actuar. En Los Mochis, junto a Rocha, Johnson anunció que vendrían las acusaciones. Llegaron, pidió su captura con fines de extradición. La cancillería y la fiscalía general dijeron que no había pruebas, cayendo en el error de que el Tratado de Extradición no establece pruebas en este primer periodo procesal.
El expediente presentado es tremendo: “Los acusados desempeñaron diversas funciones esenciales para el cártel… presuntamente protegieron a los líderes del cártel de la investigación, el arresto y el enjuiciamiento; proporcionaron información confidencial de las fuerzas del orden y del Ejército a miembros del cártel y narcotraficantes aliados para facilitar sus actividades delictivas; ordenaron a miembros de organismos policiales estatales y locales… que protegieran cargamentos de droga… en tránsito a Estados Unidos, y permitieron que miembros del cártel cometieran actos de violencia brutal sin consecuencias. A cambio… recibieron colectivamente millones de dólares provenientes del narcotráfico”.
La presidenta Claudia Sheinbaum no puede actuar como lo hizo el anterior presidente, proteger a Rocha Moya y fingir que no pasa nada. Rocha Moya es una losa con la cual ha tenido que cargar, por compromiso heredado; además debe evitar la acción en contra de un militante de su partido, sería un reconocimiento de fracaso del régimen.
Esta defensa es imposible de mantener tras lo que sucedió en Nueva York, salvo que la opción suicida fuera endurecer la posición con Estados Unidos y buscar alianzas con sus enemigos. No creo que sea el pensamiento de la presidenta.





