Rolando Daza
Apunte:
El mundo, las naciones, incluyendo nuestro país, se mueven en la perplejidad, en nombre de la “democracia”, de la libertad, del nacionalismo y del crecimiento de los países, se toman decisiones, se generan acciones en sentido inverso a lo construido en un mundo plano los últimos 50 años.
Durante siglos, y parte del siglo XX, se vivió bajo regímenes controladores, con muchas restricciones, las poblaciones disfrutaban de pocos derechos políticos, pocas oportunidades económicas, de ideas y movimientos. Se libró una cruel batalla entre la izquierda y la derecha, el comunismo y el capitalismo.
Parecía que las hostilidades ideológicas entre el comunismo, el fascismo, el capitalismo y los señoríos, habían sido derrotadas por la globalización y el mundo plano. Parecía que la corriente libertaria de la democracia, el flujo del mercado, los derechos humanos eran el nuevo enfoque. Ahora parece que todo cambió, la globalización está en apuros.
Ante ello, surgen varias inquietudes como, ¿qué implica el autoritarismo?, ¿las medidas de Donald Trump qué involucran?, ¿se aproxima una guerra mundial?, ¿puede el populismo resolver los problemas de desigualdad?… además, prestemos atención a los impactos que las nuevas tecnologías y la IA tienen en el mundo.
Ante ello, muchas personas (no gente) han descubierto que les gustaría regresar al mundo de principios del siglo XX, el mundo jerárquico donde prevalecen sus privilegios (poder, raciales, nacionales) de élite a costa de las masas, con nuevos grupos ocupando esos lugares que antes tenían otros grupos.
Volteemos a nuestra realidad. El ascensor social está parado en México, no se mueve, le falta energía. Más de 45 millones de personas en pobreza, hay que hablar del machismo, del clasismo y del resentimiento; el divisionismo, la separación son persistentes, se requiere voluntad política y recursos públicos para modificar la realidad que nos rodea, la mitad de los mexicanos que nacen pobres, pobres se quedan, es la herencia que dejarán.
Un componente que divide la ideología de derechas e izquierdas en cualquier lugar del mundo, es el peso que se otorga al mérito en la consecución del bienestar. Los de derecha consideran que haber llegado alto se debe casi en exclusiva al esfuerzo personal, sin importar de dónde venían. Los de izquierda consideran que los más desafortunados necesitan ayuda para salir, que la prosperidad no llegará por más que se trabaje día y noche.
En contraparte, los ciudadanos consideran que los gobiernos, sean de la corriente que sea, necesitan proporcionar servicios públicos de calidad, empezando por la seguridad, la educación y la salud.
Para la población, esas diferencias ideológicas son los gobiernos que establecen ayudas sociales para los pobres, calificadas de asistencialistas y de compravotos. El asistencialismo, desde luego, debe acompañarse de medidas efectivas para procurar el desarrollo, pero esos apoyos son cruciales cuando uno se acuesta con el estómago a medio llenar de tortillas con frijoles.


