Fisker enfrenta crisis tras quiebra: propietarios en la cuerda floja
La situación de Fisker ha tomado un giro significativo desde su regreso al mercado automotor, cuando la compañía prometió innovaciones en vehículos eléctricos. Sin embargo, el año pasado Fisker se declaró en bancarrota, dejando a sus clientes en una complicada y preocupante situación.
Luego de la quiebra, Fisker propuso un plan que ha suscitado controversias, dado que buscaba hacer responsables a los propietarios de los costos de reparaciones y mano de obra relacionados con llamados a revisión. Dichas revisiones han sido frecuentes en el Fisker Ocean, que, tras poco más de un año en el mercado, ha acumulado más de seis convocatorias por problemas que van desde defectos en las manijas exteriores hasta fallas en la transmisión, las cuales podrían poner en peligro la seguridad del vehículo.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) intervino, obligando a Fisker a asumir los costos de los retiros del mercado. En el marco del proceso de bancarrota, se reservó un monto para cubrir las reparaciones, siempre que no excedan los 750,000 dólares. Sin embargo, los propietarios todavía tendrían que cubrir los gastos de mano de obra, aunque podrían recibir un reembolso a través de la Asociación de Propietarios de Fisker, dependiendo del resultado de los litigios contra los proveedores.
Recientemente, los problemas han aumentado, ya que los propietarios perdieron el acceso a los servicios de conectividad del vehículo. Todos los autos se desconectaron de la nube, lo que ha hecho imposible recibir actualizaciones inalámbricas y acceder a información crítica como el estado del vehículo y las condiciones de tráfico en tiempo real.
Como resultado de esta situación, muchos propietarios buscan vender sus vehículos, incluso aquellos con poco kilometraje, a precios equivalentes a los de modelos asequibles como el Nissan Versa. Este fenómeno es notable, considerando que el precio original del Fisker Ocean era de alrededor de 70,000 dólares (aproximadamente 1.3 millones de pesos). La falta de soporte por parte de la marca en medio de la creciente insatisfacción de los usuarios plantea serias interrogantes sobre el futuro de Fisker y la confianza de los consumidores en la industria automotriz de vehículos eléctricos.


