Celaya, Guanajuato. La tradición del alfeñique en México, especialmente en el marco del Día de Muertos, continúa siendo un pilar cultural en la vida de muchas familias, como la de Rita Montes Martínez, quien lleva más de 70 años desarrollando esta labor. Su negocio, Calaverrita, se ha consolidado como un referente en la elaboración de dulces de azúcar, que varían en precio desde cinco hasta 350 pesos, según la complejidad de las figuritas.
Montes Martínez ha advertido sobre la disminución del interés por estas tradiciones entre las generaciones más jóvenes. Ella destaca la importancia del trabajo conjunto con la Secretaría de Educación Pública, que incentiva la enseñanza sobre estas prácticas en las escuelas, aunque indica que muchos jóvenes, especialmente de 20 años, han dejado de consumir alfeñiques.
La artesana comparte su convicción de que los muertos realmente regresan en esta temporada, y por ello su familia se esfuerza en mantener vivo el legado a través de altar donde se ofrece el alfeñique, símbolo de los placeres apreciados por los difuntos durante su vida.
La elaboración de los alfeñiques, que combina ingredientes como azúcar glas, grenetina y limón, es más compleja de lo que parece. Montes Martínez menciona que su proceso de producción puede tardar hasta cuatro días para crear cada figura, y su preparación requiere de un año de anticipación para garantizar que estén listos en el momento adecuado. Adicionalmente, entre los artículos más solicitados se encuentran réplicas de platillos tradicionales, como enchiladas y mole.
Por otro lado, el municipio de Celaya también destaca por su cajeta de cempasúchil, un nuevo producto que honra el Día de Muertos y que ha encontrado su camino en la tradición. La fábrica "El Caballo Sin Rival" ha comenzado a comercializar este producto en ediciones limitadas, preparando cerca de mil frascos cada año.
Brenda Castañeda, cuarta generación de esta fábrica, explica que la cajeta se elabora con métodos tradicionales, utilizando un cazo de cobre, y está inspirada en la flor cempasúchil, que adorna las ofrendas. El sabor de esta cajeta, que combina mandarina, anís y cacahuate, busca evocar la esencia del pan de muerto y conectar con las raíces culturales de México.
Ambos ejemplos evidencian el esfuerzo por mantener revitalizadas las tradiciones culinarias que acompañan a las celebraciones del Día de Muertos, reflejando una continuidad cultural que enfrenta desafíos en un contexto de cambios generacionales.


