La activista y defensora de derechos humanos Blanca Martínez falleció en la madrugada de un reciente lunes debido a complicaciones derivadas de una operación en el esófago. Su vida estuvo marcada por una intensa lucha en favor de los derechos de las personas y un compromiso constante con la justicia social.
Martínez fue directora del Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y durante tres décadas acompañó al obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, en la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la desaparición de personas en México. Junto a un grupo de madres buscadoras, cofundó el Colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, un esfuerzo que sentó las bases para la ley contra las desapariciones y promovió la creación del Centro Regional de Identificación Humana en Saltillo.
Originaria de Torreón, Coahuila, y nacida en 1963, Martínez se involucró en movimientos sociales desde su juventud, recibiendo formación en derechos humanos durante el movimiento Zapatista. En 1994, estableció un vínculo significativo con obispos, incluyendo a Samuel Ruiz y Raúl Vera, participando en diálogos que la llevaron a unirse a la Comisión Nacional de Intermediación. Posteriormente, trabajó en el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
En 2009, Martínez y Vera llegaron a Saltillo, donde fundaron el Centro Diocesano de Derechos Humanos Fray Juan de Larios. Desde esta plataforma, denunciaron diversas violaciones de derechos humanos, incluida la desaparición forzada, perpetrada tanto por la delincuencia organizada como por fuerzas de seguridad de diferentes niveles en el estado. Su trabajo se caracterizó por una postura decidida ante gobernantes en Coahuila y en el país, exigiendo accountability y resultados concretos en la investigación de desapariciones.


