Plataformas como TikTok han emergido como espacios donde individuos de diversas partes del mundo comparten sus desafíos cotidianos, encontrando en la comunidad digital un sistema de apoyo que, en ocasiones, se traduce en asistencia económica para costear tratamientos médicos. Sin embargo, no todos estos relatos son auténticos, como lo demuestra el caso reciente de una influencer que admitió haber fabricado una historia sobre cáncer.
Una reconocida creadora de contenido reveló a sus más de tres millones de seguidores que, en 2017, fingió tener cáncer gástrico en fase avanzada. En un video emotivo, la influencer expuso que esa decisión surgió en medio de una crisis emocional que la llevó a adoptar tales medidas.
“Estaba deprimida, tenía pensamientos suicidas y me sentía perdida. Había perdido a mi pareja, mi empleo y otros factores me impactaron emocionalmente”, declaró la influencer durante su relato.
A raíz de su supuesto diagnóstico, familiares y amigos se movilizaron con el fin de brindarle apoyo emocional y financiero. En su video, la influencer mencionó que, tras revelar su enfermedad, se creó una página para recaudar fondos que, supuestamente, serían utilizados para cubrir sus gastos médicos.
Aunque afirmó no haber iniciado la campaña de recaudación, la influencer admitió que las donaciones llegaron rápidamente. Sin embargo, en un giro inesperado, cerró la página tras ver el dinero recaudado, alegando que no recibió una sola libra de dicha campaña.
«Lo hice por desesperación, para mantener cerca a las personas que quería,” subrayó, aclarando que nunca recibió los fondos.
En su disculpa, la influencer explicó que su acción no tuvo como objetivo ganar notoriedad en la plataforma, sino que fue un intento por conectar con sus seres queridos en un momento de vulnerabilidad.
La historia salió a la luz en 2020, cuando una amiga presentó una denuncia formal, desencadenando una investigación por parte de las autoridades británicas. La influencer fue declarada culpable de fraude por falsa representación, lo que resultó en una condena de un año de libertad condicional y la obligación de pagar una compensación al Ministerio Público del Reino Unido.
Este caso evidencia la seriedad de las alegaciones en el ámbito digital, así como los riesgos asociados a la búsqueda de atención y apoyo emocional en plataformas sociales.


