Óscar Noé Medina González, alias «El Panu», un líder de alto rango del Cártel de Sinaloa y jefe de seguridad de «Los Chapitos», fue asesinado en un ataque armado en la Zona Rosa de la Ciudad de México.
La muerte fue confirmada por medios locales tras el ataque, que generó conmoción en la capital mexicana.
Fuentes señalan que Medina González era una pieza clave en la estructura de poder del cártel y figura cercana a los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán.
Su nombre aparece ligado a operaciones que desataron una crisis de seguridad en Sinaloa cuando fue detenido junto a uno de los hijos de «El Chapo» años atrás.
La liberación posterior de ese detenido, ordenada por el presidente tras la movilización de grupos del crimen organizado, marcó un episodio que redefinió la respuesta del Estado frente a la violencia del narcotráfico.
La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos había ofrecido una recompensa por información que condujera a su captura, lo que refleja su prioridad en las indagatorias internacionales.
Autoridades estadounidenses lo señalaban como encargado de coordinar comandantes regionales para blindar el tráfico de fentanilo, ejecutar ataques contra rivales y enfrentar a las fuerzas del orden.
En Estados Unidos también enfrentaba acusaciones formales por su presunta participación en operaciones de tráfico de fentanilo, posesión de armas de alto poder y conspiración para el lavado de dinero.
La eliminación de una figura de este perfil podría reconfigurar espacios de poder dentro del cártel y generar movimientos en las rutas del narcotráfico que tensionen aún más la seguridad regional.



