El gobierno mexicano está maquillando las cifras de desapariciones para ocultar la dimensión brutal de la crisis, advierte una analista.
La crítica compara esas prácticas con tratamientos estéticos: borran las «arrugas» estadísticas, disimulan cicatrices forenses y tensan los números para suavizar la tragedia.
La analista señala que ese afán por «inmovilizar el gesto» sin curar la enfermedad se ha vuelto una estrategia sostenida en la administración actual.
El efecto es doble: distorsiona la percepción pública y dificulta la rendición de cuentas y la cooperación internacional en derechos humanos.



