El tráfico y consumo de fentanilo en la frontera norte de México ha generado una crisis binacional, afectando tanto el flujo de drogas hacia Estados Unidos como el desplazamiento de drogodependientes estadounidenses a Tijuana. Esta situación se debe a la menor accesibilidad y costos más bajos en la ciudad mexicana.
Expertos señalan que la frontera enfrenta problemáticas específicas en el consumo de drogas inyectables y opioides, distintas a la metanfetamina, que domina el consumo en el resto del país. Las políticas públicas centralizadas han minimizado la gravedad del fenómeno, que requiere estrategias diferenciadas.
Alfonso Chávez, de Prevencasa A.C., advirtió que Estados Unidos ha registrado más de 70 mil muertes anuales por opioides, lo que subraya la seriedad de la crisis en una región donde el tránsito entre ambos países es constante. Su organización ha atendido a ciudadanos que sufrieron sobredosis, incluyendo a quienes cruzan regularmente entre San Diego y Tijuana.
Los factores económicos atraen a muchos estadounidenses a Tijuana, donde encuentran vivienda y alimentación más accesibles. Sin embargo, esta movilidad, influenciada por políticas migratorias y de drogas, plantea la necesidad de una respuesta coordinada entre México y Estados Unidos.
Estadísticas de la delegación Tijuana de Cruz Roja indican que, del 1 de enero al 13 de mayo de 2026, se han reportado 152 atenciones por sobredosis. Este dato refleja la creciente presión sobre el sistema de salud local ante el aumento de emergencias vinculadas al consumo de opioides y otras sustancias.









