En Kabul, un ataque aéreo atribuido a Pakistán contra un centro de rehabilitación para farmacodependientes ha provocado un elevado número de víctimas y mantiene en marcha las labores de rescate, según las autoridades locales talibanes. El lugar afectado, ubicado en la capital afgana, ha quedado parcialmente en ruinas tras los impactos.
Los talibanes informaron de un balance provisional de 400 muertos y 250 heridos, y señalaron que el rescate de víctimas continúa bajo los escombros. Fuentes sobre el terreno describen escenas de emergencia y traslado de heridos a instalaciones cercanas.
Nueva Delhi condenó el ataque y calificó el bombardeo de «bárbaro», considerándolo un acto de violencia injustificable que, según el Ministerio de Exteriores indio, se ha cobrado la vida de numerosos civiles. India, que ha acercado posiciones con el régimen talibán en los últimos meses, reiteró su apoyo a la soberanía afgana.
Pakistán confirmó haber realizado ataques en territorio afgano, pero negó haber golpeado un hospital y describió como «mentiras constantes» la versión talibán. Islamabad aseguró que el edificio atacado era un nido del grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) que albergaba armamento pesado y municiones.
El Ministerio de Información paquistaní afirmó que las detonaciones en cadena tras el impacto prueban que el complejo funcionaba como depósito de municiones de los grupos que, según Pakistán, operan desde Afganistán contra civiles y fuerzas de seguridad. Además, señaló la presencia en el lugar de operativos del grupo al que denomina «Fitna al-Khawarij», aludiendo a insurgentes que, afirmó, son utilizados por India para desestabilizar Pakistán.
Islamabad anunció que mantendrá su ofensiva «hasta que se alcancen los objetivos previstos», mientras que el portavoz talibán Zabihullah Mujahid declaró cerrada la vía diplomática y anunció represalias militares. Ambos vecinos habían advertido previamente de su disposición a un conflicto prolongado en la frontera.
La crisis actual amplía una brecha que se abrió con un atentado en mayo contra 26 turistas en la Cachemira india, episodio que llevó a Pakistán y la India a un choque militar de gran escala que desestabilizó la región. Analistas y gobiernos regionales siguen la escalada con preocupación por sus repercusiones fronterizas y humanitarias.
El conflicto entre Afganistán y Pakistán, que estalló el mes pasado y es ya el más grave entre ambos en décadas, se recrudece en un momento regional tenso, con festividades religiosas próximas y un contexto internacional marcado por enfrentamientos en Oriente Medio que han dejado miles de víctimas. Las autoridades regionales y observadores internacionales advierten de un riesgo creciente de escalada.


