Para la población local, el informe de la Organización Mundial de la Salud y otras agencias indica que 4,9 millones de niños murieron antes de cumplir los cinco años, incluidos 2,3 millones de recién nacidos, un dato que tiene implicaciones directas sobre los servicios sanitarios y las políticas públicas locales.
El 58% de esos fallecimientos se concentra en África y otro 25% en el subcontinente indio; a nivel global la mortalidad infantil se ha reducido a más de la mitad desde principios de siglo, aunque la velocidad de descenso se ha ralentizado sustancialmente en los últimos años.
La OMS subraya que, pese a los avances, muchos de estos decesos son evitables y recuerda que los niños que viven en contextos de conflicto y crisis tienen casi tres veces más probabilidad de morir antes de los cinco años.
Entre los recién nacidos, las principales causas de muerte fueron complicaciones derivadas de la prematuridad (36%) y de partos a término (21%), además de infecciones que siguen ocupando un lugar relevante.
Más allá del primer mes de vida, la malaria fue la principal causa de muerte (17%), especialmente en áreas endémicas de África subsahariana, con países como Chad, República Democrática del Congo, Níger y Nigeria entre los más afectados.
El estudio registró también más de 100.000 niños menores de cinco años fallecidos por desnutrición aguda grave y advierte que la inseguridad alimentaria contribuye de forma indirecta a muchas otras muertes al debilitar el sistema inmunitario.
Aproximadamente 2,1 millones de personas de entre 5 y 24 años perdieron la vida en el periodo analizado; entre los más pequeños de ese rango, las enfermedades infecciosas y las lesiones fueron las causas predominantes.
En la adolescencia los riesgos cambian: el suicidio aparece como la principal causa de muerte entre las jóvenes de 15 a 19 años, mientras que los accidentes de tráfico son la primera causa entre los chicos.
Los autores del informe concluyen que es necesario aumentar la inversión en salud infantil y ampliar intervenciones de bajo coste y eficacia probada, como las vacunaciones, el tratamiento de la desnutrición y la atención cualificada en el parto, para reducir estas muertes evitables.


