Tapachula, principal ciudad en la frontera sur de Chiapas, comenzó a recibir vuelos directos con migrantes cubanos deportados desde Estados Unidos, que se suman a cientos de personas de otras nacionalidades varadas en la zona por el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses. La llegada de estas deportaciones aumenta la presión sobre los servicios locales y los centros de acogida en la ciudad.
Autoridades de la Secretaría de la Frontera Sur señalaron que el año anterior se registraron alrededor de 12 mil deportaciones desde Estados Unidos y que actualmente operan entre dos y tres vuelos semanales hacia Chiapas. El flujo se concentra en Tapachula y otras localidades de la frontera sur con Guatemala.
Funcionarios indicaron que existe una población numerosa de nacionalidad cubana distribuida en la región, con necesidades de acceso a servicios básicos y empleos formales, por lo que se están implementando acciones desde la subsecretaría de movilidad humana. Muchos deportados recurren al comercio informal ante la falta de oportunidades laborales.
Entre los deportados figura un hombre de 66 años que aseguró haber vivido casi medio siglo en Estados Unidos y fue trasladado esposado al sur de México, dejando a su familia en ese país. El afectado afirmó haber sido deportado pese a encontrarse retirado y reclamó la pérdida de su pensión y la negación de documentos.
En otro vuelo directo llegó un migrante cubano detenido por conducir sin licencia, según las autoridades aeroportuarias, lo que ilustra la diversidad de causas por las que se producen estas deportaciones. Los recién llegados enfrentan además trámites y requisitos que limitan su acceso a servicios financieros y administrativos.
Varios deportados reportaron dificultades para cambiar remesas y cobrar dinero enviado por familiares al carecer de pasaporte o documentos válidos; la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) les informó que disponen de plazos administrativos para regularizar su situación. La burocracia complica el acceso inmediato a recursos y a procesos de asilo o regularización.
Organizaciones locales denunciaron que las traslados se realizan de manera opaca y sin que las dependencias migratorias asuman responsabilidad plena por la atención. Un responsable de un centro de ayuda humanitaria estimó que hasta 60 mil migrantes, principalmente haitianos y cubanos, estarían varados en la región.
Observadores y autoridades locales atribuyen este cambio en los flujos migratorios a las mayores restricciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos desde el regreso de su administración, así como a la creciente presión diplomática sobre Cuba, lo que ha transformado a México de país de tránsito a destino para numerosos migrantes.


