En Guanajuato, la cocina tradicional mantiene viva la memoria gastronómica local gracias al trabajo de mujeres que transformaron su vida a partir del fogón; entre ellas destaca Ana María Soto Vargas, originaria de Pénjamo y pionera del programa de Cocineras Tradicionales del estado desde sus inicios. Su trayectoria ejemplifica el impacto comunitario de iniciativas que buscan preservar y promover prácticas culinarias regionales.
Ana María decidió integrarse al programa tras recibir una invitación que aceptó con esfuerzo y determinación, pese a la incertidumbre inicial y la dependencia que sentía en sus primeros años de casada. Formó parte del primer grupo de cinco cocineras que participó en un evento inaugural en la ciudad de Guanajuato, actividad que marcó un punto de inflexión en su carrera.
Desde entonces, su cocina ha sido presentada en distintos escenarios nacionales e internacionales, incluida una participación en Madrid, donde representó el sabor y las técnicas de Guanajuato. La exposición le permitió reconocer el valor de su trabajo y consolidar su propuesta como parte del patrimonio culinario del estado.
Su formación en la cocina fue un proceso familiar: antes de casarse vendía tortas y aprendió las bases culinarias de su suegra, para luego perfeccionar su oficio mediante la práctica y la capacitación ofrecida por el programa. Ese acompañamiento, señala, ha sido clave para el desarrollo de sus habilidades y la conformación de su equipo de trabajo.
Entre los platillos que definen su propuesta destacan las enchiladas Tres Marías, que combinan versión verde, de mole y roja, y la cecina, presencia casi obligada en sus presentaciones. Estos elementos se han convertido en emblemas de su oferta y en razones recurrentes del reconocimiento que recibe por parte del público.
La dimensión familiar es central en su proyecto: su hija participa en los eventos y comparte la vocación por la cocina tradicional, con la intención de integrarse formalmente al programa y continuar el legado. Para Ana María, la transmisión generacional de saberes garantiza la pervivencia de recetas y técnicas locales.
La historia de Ana María forma parte de un conjunto de relatos que ilustran el sentido social del turismo con identidad impulsado por las autoridades estatales, que busca reconocer a quienes preservan la memoria culinaria, fortalecen el orgullo comunitario y proyectan la esencia de Guanajuato desde sus cocinas.




