La elección de Ariadna Montiel como nueva presidenta nacional de Morena se llevó a cabo sin inconvenientes, destacando la asistencia de mil 830 congresistas. La votación se completó en poco más de veinte minutos, aunque el evento estuvo marcado por las recientes acusaciones de narcotráfico contra diez funcionarios de Sinaloa, presentadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Previo al inicio del VIII Congreso Nacional Extraordinario, gobernadores y dirigentes del partido se congregaron en el World Trade Center de la Ciudad de México para coordinar detalles del evento. Todo parecía indicar una sucesión tranquila en la dirigencia nacional.
Sin embargo, el tema de las acusaciones al gobernador Rubén Rocha fue un punto de tensión, aunque los asistentes optaron por consignas que afirmaban la soberanía de México. Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional, se refirió a intentos de imposición de potencias sin mencionar directamente a Estados Unidos. Luisa María Alcalde, presidenta saliente, también advirtió sobre deseos de sometimiento hacia el país.
Durante su discurso de toma de protesta, Montiel enfatizó la reorganización y la disciplina, generando aplausos con su declaración de que no se tolerará la corrupción en ningún gobierno de Morena. A medida que concluyó su intervención, el ambiente de celebración se vio interrumpido por un grito de apoyo al gobernador con licencia, mientras la nueva presidenta evitó mirar hacia la zona donde se alzaban las porras.
Durazo intentó moderar la situación, elevando su voz para recalcar un mensaje de unidad, mientras las expediciones de apoyo hacia Rocha continuaban. En la transmisión en vivo, el audio fue silenciado en el momento álgido de dichas expresiones. Eventualmente, los gritos de apoyo se apagaron y no volvieron a mencionarse las acusaciones hasta el cierre del evento.





