Un ataque a instalaciones del yacimiento de Pars Sur, compartido por Irán y Catar, tuvo consecuencias que podrían repercutir en los mercados energéticos y en la seguridad internacional, con posibles efectos indirectos para la economía y ciudadanos locales. La ofensiva también coincidió con la muerte del responsable de Inteligencia de Irán, en un episodio que eleva la tensión regional.
El proyectil alcanzó zonas de las infraestructuras de gas y provocó incendios que fueron controlados por los bomberos; las autoridades iraníes aseguran que la situación está bajo control y no reportan víctimas, aunque no han aclarado si la producción o el suministro quedaron alterados. Irak informó la pérdida de 3.100 megavatios de capacidad eléctrica tras la interrupción de importaciones de gas desde Irán, con el riesgo de afectaciones en la red.
El ministro de Inteligencia iraní falleció en uno de los bombardeos, una pérdida que afecta al aparato de seguridad del país y que se suma al asesinato de otro dirigente relevante en jornadas previas. El fallecido ejercía desde 2021 y era figura central en la coordinación de servicios de seguridad internos y operaciones en el exterior.
Ante las bajas de altos cargos, en Teherán se discute quiénes podrían ocupar los puestos vacantes, con nombres de distintas corrientes políticas sobre la mesa, además de la reciente elección del nuevo líder supremo, cuya presencia pública ha sido limitada desde su designación.
Además del ataque en Pars Sur, una instalación nuclear en la costa fue alcanzada por un proyectil; el Organismo Internacional de la Energía Atómica indicó que no se han detectado daños ni víctimas. En el frente israelí, los bomberos atendieron numerosos incidentes y se registraron víctimas por el impacto de una bomba de racimo en una vivienda y daños a aeronaves privadas en el aeropuerto de Tel Aviv.
En Líbano, bombardeos recientes causaron decenas de fallecidos, con un balance oficial que suma cientos de muertos desde el inicio de las hostilidades. En Irak, drones impactaron en los alrededores de la embajada estadounidense en Bagdad; varios aparatos fueron derribados según fuentes locales.
Ante la escalada, la OTAN anunció ajustes en su misión en Irak por motivos de seguridad y algunos países han comenzado a preparar la reubicación de su personal militar desplegado en la región. Ninguna de las partes muestra señales de ceder y las fuerzas israelíes han anunciado que mantendrán operaciones en las próximas semanas.
Reacciones internacionales resaltan la preocupación por la continuidad del conflicto: responsables rusos consideran que el enfrentamiento carece de justificación y no beneficia a las partes, mientras autoridades europeas piden concesiones por parte del régimen iraní para avanzar hacia una solución política.


