La comunidad teatral de Morelia expresa su pesar por la pérdida de Roberto Briceño, fundador del colectivo Contrapeso y referente local en la formación escénica. Su trabajo dejó huella en generaciones de actores y en la vida cultural de la ciudad.
Briceño dirigió talleres de entrenamiento teatral en los altos de la Casa de la Cultura, donde promovió una metodología centrada en el cuerpo, la respiración y la atención. Sus clases buscaban la conciencia escénica por encima de la técnica meramente representativa.
Su enseñanza, descrita por alumnos como rigurosa pero respetuosa, enfatizaba el “estar” en el espacio y la responsabilidad sobre el propio proceso. Muchos exintegrantes destacan que ese enfoque influyó en ámbitos fuera del teatro, como la escritura, la escucha y la vida cotidiana.
Contrapeso, grupo fundado en esa etapa, montó obras como Mateo, de Armando Discépolo, y El Marinero, de Fernando Pessoa, piezas que marcaron la trayectoria de quienes participaron. Durante los montajes se vivieron anécdotas que ilustran el carácter experimental y comprometido del colectivo.
En una de esas puestas en escena se utilizó un ataúd vacío recuperado para la escenografía, situación que motivó la intervención policial en su momento; los miembros del grupo sostienen que no hubo intención de causar daño. Hechos como ese reflejan el espíritu provocador y transgresor de sus primeros trabajos.
Exalumnos y colegas coinciden en que la formación impartida por Briceño trascendió la escena: más que enseñar a actuar, buscó formar personas atentas y conscientes. Esa impronta permanece en la «memoria corporal» de quienes pasaron por sus talleres.
Aunque algunos integrantes siguieron otros caminos y la autora de este testimonio perdió contacto con los detalles recientes del colectivo, el nombre y la figura de Roberto Briceño siguen asociados a la identidad formativa de Contrapeso. Su legado se reconoce como pieza central en la historia del teatro local.
Las expresiones de gratitud y recuerdo se multiplican entre quienes conocieron su trabajo, que valoran tanto su exigencia como el afecto con que corría las correcciones. La comunidad teatral de Morelia mantiene viva su enseñanza a través de los alumnos y montajes que conservaron sus principios.



