La elección del nuevo presidente de la República repercute en la gobernabilidad de la región del Kurdistán y en el funcionamiento del Estado central: el Parlamento de Irak eligió a Nizar Amedi como jefe del Estado tras una sesión marcada por el boicot de bloques relevantes que redujo la participación en la votación.
Amedi logró imponerse en la segunda ronda con 227 votos frente a 15 de su rival, tras no alcanzar en la primera vuelta el umbral de dos tercios de la Cámara. En la votación participaron 249 de los 329 diputados; siete papeletas fueron declaradas nulas.
El boicot fue declarado por el Partido Democrático del Kurdistán, la coalición Estado de Derecho vinculada a Nuri al Maliki, el Marco de Coordinación y el Movimiento Hoqud, que alegaron la falta de consenso sobre la candidatura y profundas disputas entre los bloques políticos.
Ingeniero nacido en la provincia de Duhok, Amedi es miembro del consejo directivo de la Unión Patriótica del Kurdistán y fue ministro de Medio Ambiente en el Gobierno saliente, cargo al que renunció para centrarse en su formación. También trabajó como director de gabinete de varios presidentes iraquíes; el jefe de Estado saliente retiró su candidatura para evitar una mayor polarización, según difundió en redes sociales.
El puesto presidencial, de carácter mayoritariamente testimonial y tradicionalmente ocupado por un político kurdo según el sistema de cuotas sectarias, adquiere relevancia porque obliga al elegido a encargar en un plazo constitucional de 15 días la formación de Gobierno al líder del bloque parlamentario mayoritario.
El presidente del Parlamento instó a la coalición mayoritaria a presentar un nombre para la jefatura del Ejecutivo dentro del plazo constitucional. El primer ministro saliente expresó el deseo de que se forme un gobierno de coalición sólido capaz de abordar desafíos como el monopolio de las armas y la presencia de milicias que operan al margen del Estado.
La compleja negociación para conformar el nuevo Ejecutivo se produce en un contexto de presiones externas, con las tensiones entre Estados Unidos e Irán influyendo en la política iraquí y advertencias a Bagdad sobre alineamientos regionales; el rechazo de determinados actores internacionales a candidaturas concretas añade otra capa de dificultad. Bajo el sistema de reparto sectario vigente, la presidencia corresponde habitualmente a un kurdo, la jefatura del Gobierno a un musulmán chií y la Presidencia del Parlamento a un musulmán chií.


