En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán reconoció su derrota en las elecciones legislativas, lo que pone fin a 16 años de su mandato y abre una nueva etapa en la dirección del país. El resultado tiene implicaciones directas para la gobernabilidad y las políticas nacionales.
Orbán calificó el desenlace como “doloroso” y dijo a sus seguidores que, pese a la derrota, seguirá sirviendo a la nación. También informó que había felicitado al partido vencedor.
Los primeros resultados oficiales mostraron al partido del líder opositor Péter Magyar al frente del escrutinio. Magyar difundió en redes que Orbán lo había llamado por teléfono para felicitarlo por la victoria.
Con el 37% de los votos contabilizados, el partido Tisza, vinculado a Magyar, registraba un 51% de apoyo frente al 40% de Fidesz, la formación de Orbán; esa proporción puede variar a medida que avanza el conteo. Tisza iba por delante en 95 de las 106 circunscripciones, mientras que el escrutinio suele ser más lento en la capital, donde se espera un respaldo adicional a la oposición.
Ambos partidos informaron haber recibido reportes de violaciones electorales, lo que sugiere que algunos resultados podrían ser impugnados. Las actuaciones legales y las reclamaciones determinarán en parte la validez final del escrutinio.
Orbán, el dirigente con más años en el poder dentro de la Unión Europea, ha transitado desde sus primeros años como líder anticomunista hacia un perfil nacionalista que ha sido señalado como cercano a la extrema derecha internacional. Al inicio de los comicios había dicho que la campaña había sido “un gran impulso nacional” y agradeció a activistas y simpatizantes, afirmando en ese momento: “Estoy aquí para ganar”.


