La Casa Blanca negó que exista intención de recurrir a armas nucleares en la respuesta a Irán, una postura que tiene implicaciones directas para la seguridad nacional y para el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz. La aclaración busca contener la alarma pública y las preocupaciones sobre una posible escalada armada.
La reacción oficial se produjo tras declaraciones del presidente y del vicepresidente que generaron especulaciones en redes sociales sobre un posible uso de armamento extremo. La cuenta de respuesta rápida de la Administración rechazó que las afirmaciones del vicepresidente insinúen tal extremo.
El presidente, en un mensaje difundido en su red social, advirtió sobre la aniquilación de «toda una civilización» y fijó un ultimátum a Teherán para que reabra el paso marítimo. Ese mensaje elevó la presión diplomática sobre Irán y aumentó la atención internacional sobre la región.
El vicepresidente afirmó en una rueda de prensa que confía en una respuesta iraní antes de que venza el plazo y recordó que existen «herramientas en nuestro arsenal» que hasta ahora no se han utilizado. Añadió que el presidente podría decidir recurrir a ellas si Irán no cambia su comportamiento.
La Casa Blanca fue consultada para aclarar las declaraciones, sin que se registraran respuestas adicionales por parte de la Administración. Desde cuentas críticas del gobierno se calificó la defensa de las advertencias presidenciales como una forma de justificación de una amenaza extrema.
El ultimátum mantiene interrumpido en buena parte el tránsito de crudo y mercancías por el estrecho, una situación que afecta a empresas y rutas comerciales internacionales. Analistas advierten que la continuidad de la tensión podría tener efectos económicos y de seguridad en la región y más allá.


