La progresiva reducción de la cabaña ganadera tiene efectos directos en el entorno local, entre ellos un mayor riesgo de incendios forestales y cambios en la disponibilidad de agua y hábitats. Estos cambios también pueden favorecer una mayor acumulación de biomasa y, por tanto, una mayor captura de dióxido de carbono en ciertos territorios.
Investigadores de varios centros han identificado una tendencia global que afecta a zonas que concentran más del 40% del ganado mundial, con descensos especialmente pronunciados en partes de Europa del Este. En esa región la cabaña ganadera se ha reducido en torno a un tercio en las últimas décadas.
Los datos muestran disminuciones relevantes en Europa, América del Norte, China y en algunas áreas de África, mientras que otras regiones como Asia Central, Sudamérica y el África subsahariana han aumentado sus cargas ganaderas debido al crecimiento demográfico y a la mayor demanda de proteína animal. Estas diferencias reflejan también variaciones en disponibilidad tecnológica y en los sistemas de alimentación animal.
Contrario a la narrativa habitual que atribuye la degradación de pastizales al sobrepastoreo, el estudio subraya que el abandono ganadero puede provocar transformaciones ecológicas profundas. La menor presión de pastoreo deja paso a cambios en la composición vegetal y en la estructura del paisaje.
La acumulación de vegetación por menor pastoreo puede elevar la probabilidad y la intensidad de incendios, y favorecer la dominancia de especies vegetales competitivas que desplazan a las más vulnerables. Al mismo tiempo, el incremento de biomasa implica un potencial adicional para la captura de carbono atmosférico, lo que introduce un efecto climático positivo en algunos escenarios.
Menos ganado extensivo también afecta los flujos hídricos: una cubierta vegetal más densa incrementa la evapotranspiración y reduce la escorrentía, con menos agua disponible para usuarios humanos y ecosistemas aguas abajo. Estas alteraciones tienen implicaciones para la gestión local del agua y del territorio.
Los autores del estudio plantean que, aunque la reintroducción de fauna silvestre o el uso de otros herbívoros podría compensar en parte las funciones ecológicas del ganado, hacen falta más investigaciones para determinar qué estrategias funcionan y en qué contextos. La conclusión es que la reducción ganadera constituye una realidad compleja que combina riesgos y oportunidades para el medio ambiente y las comunidades locales.


