En la Ciudad de México miles de personas migrantes han decidido asentarse y proyectar su vida en la capital, tras el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos que ha limitado sus opciones de cruce hacia el norte. El fenómeno ha convertido a la ciudad en un destino de residencia temporal o permanente para un número creciente de solicitantes de protección.
El endurecimiento de las restricciones en la frontera y la modificación de programas de citas fomentaron que muchos abandonaran sus planes de avanzar y buscaran alternativas en México. Entre las medidas citadas por quienes migran figura la cancelación de programas que facilitaban cruces o trámites en Estados Unidos.
Entre las personas que optaron por quedarse está Eduardo, un hombre venezolano que vive en la capital y que describe la decisión como una búsqueda de mayor estabilidad. Señala que, aunque podría encontrar empleo en Estados Unidos, la posibilidad de operativos y detenciones lo disuade y prefiere permanecer en la Ciudad de México.
Explica que en la capital ha encontrado trabajos temporales y que inició el trámite de asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) como parte de sus nuevos planes. Dice además que el riesgo de ser detenido en territorio estadounidense lo llevó a replantear su proyecto migratorio.
Instituciones internacionales registran un aumento en las solicitudes de refugio en México: más de 58,800 extranjeros solicitaron protección en el periodo reportado, según datos de ACNUR con cifras de la Comar. Cerca del 30 % de esas solicitudes se presentaron en la Ciudad de México, con alrededor de 17,600 registros.
En un periodo anterior se registraron casi 78,800 peticiones en el país, de las cuales unas 14,300 correspondieron a la capital, lo que representó cerca del 18 %. Ese crecimiento muestra un cambio en los flujos y en la distribución territorial de las solicitudes de refugio.
En el norte de la ciudad, personas migrantes viven en asentamientos informales como el campamento de Vallejo, instalado sobre vías del tren abandonadas y construido con muros de madera y lonas. Allí conviven quienes no pueden costear un alquiler y quienes trabajan en empleos temporales o informales mientras buscan recuperarse de lesiones o mejorar sus condiciones laborales.
Trabajos de descarga de contenedores y repartos en motocicleta son algunas de las oportunidades disponibles, con remuneraciones que en algunos casos alcanzan hasta 800 pesos diarios, según relatos de quienes trabajan en esos empleos. La falta de documentación suele obligar a aceptar sueldos menores y aumenta la exposición a riesgos laborales y a la explotación por parte de empleadores.
Migrantes consultados relatan que la condición irregular facilita prácticas de menor pago respecto a trabajadores locales, y señalan que la discriminación laboral es frecuente. Muchas familias llegaron desde otras regiones y ciudades de la frontera sur antes de establecerse en la capital, después de rutas migratorias que incluyeron estadías prolongadas en diferentes puntos del país.
Encuestas de organizaciones internacionales muestran un cambio en la percepción del destino: el 46 % de las personas encuestadas consideró a México su destino, frente al 24 % registrado en mediciones previas. La mitad de las personas proviene de Venezuela, seguida por Honduras, Guatemala, Colombia y Ecuador, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones.


