Rolando Daza
Apunte:
La economía mexicana no prospera al ritmo de las necesidades. Observemos, a precios constantes de 2015, el PIB nacional creció, según el Banco Mundial, 11.9% en 1994, primer año del TLCAN; ese crecimiento no se ha vuelto a alcanzar.
En el lejano 1981 se tuvo algo cercano, un aumento del PIB en 9.6%; el siglo XXI principió con un crecimiento del 5%, cifra que regresó en 2010. Desde entonces y hasta ahora, todo ha sido cuesta abajo. El crecimiento anual promedio entre 2000 y 2018 es de apenas 1.8%, a precios constantes de 2015.
Si vemos entre 2019 y 2024, el PIB cayó 8.4%, para subir apenas 6% en 2021 y seguir bajando hasta 1.4% en 2024, último año del que tiene información el Banco Mundial.
Las variadas causas del bajo dinamismo de la economía hay que buscarlas en el ámbito nacional y en el internacional. Las nacionales son múltiples, destacando las desigualdades de todo orden como limitantes estructurales del crecimiento.
Las desigualdades y la pobreza son una de las causas de que el crecimiento productivo sea bajo; un ejemplo es la informalidad característica del mercado laboral que afecta, según el INEGI, al 54.8% (tremendo dato) de los trabajadores del país.
La informalidad laboral está inclusive en las microempresas, las cuales (con datos del INEGI) son el 95.5% de los cinco y medio millones de establecimientos registrados como empresas; tienen hasta 10 empleados, se dedican al comercio, a pequeños talleres, restaurantes o servicios.
Uno de cada cuatro pesos del PIB del país se genera en la economía informal. La medición de la economía informal considera las unidades económicas constituidas por micronegocios que no cuentan con los registros legales básicos para operar. Incluye la informalidad a los trabajadores en la agricultura, el servicio doméstico remunerado de los hogares.
La informalidad laboral en México es persistente, pues se mantiene en niveles elevados y su brecha con la ocupación formal sigue siendo amplia. La brecha no refleja una mejora en la calidad del empleo en la economía mexicana ni un mayor dinamismo del empleo en las actividades formales, pese al incremento de los salarios reales en los últimos años.
Es evidente que los “empleados formales” son superados por quienes están en esquemas laborales sin seguridad social y prestaciones de ley que otorga un trabajo formal. Los mexicanos tienen que acoplarse al mercado laboral existente, donde el sector informal ofrece una vía para generar ingresos, aunque su empleo es más improductivo que si desarrollaran un trabajo formal.
En perspectiva, el acelerado dinamismo de la informalidad persistirá ante el bajo crecimiento económico del país.










