La disputa entre Estados Unidos y Europa por Groenlandia tuvo repercusiones directas para los países europeos y miembros de la OTAN presentes en Davos, donde los gobiernos buscaron coordinar una respuesta común ante la presión estadounidense. La cuestión moviliza preocupaciones sobre seguridad y comercio entre aliados cercanos.
Bruselas anunció que su respuesta será «firme, unida y proporcional» frente a las presiones anexionistas atribuidas al presidente de EE. UU. y pidió mantener la cooperación en materia de seguridad en el Ártico. La presidenta de la Comisión Europea subrayó que los acuerdos alcanzados en lo comercial deben respetarse.
El presidente francés defendió también una postura de firmeza y llamó a no aceptar la «ley del más fuerte», instando al uso del mecanismo anticoerción comunitario cuando se vulneren intereses europeos. Ese mecanismo permitiría a la UE aplicar sanciones económicas y comerciales contra terceros que ejerzan coacción sobre socios europeos.
Varios países europeos, entre ellos Francia, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Alemania, Países Bajos, Noruega y Reino Unido, han sido señalados por la Casa Blanca como posibles objetivos de aranceles por su participación en maniobras o apoyo a Dinamarca en Groenlandia. Las medidas amenazadas incluyen gravámenes sobre productos y restricciones comerciales.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos instó a la Unión Europea a mantener la calma y evitar represalias, al tiempo que defendió la importancia estratégica de Groenlandia para sistemas de defensa antimisiles. Desde Washington se reiteraron argumentos sobre la relevancia de la isla en capacidades militares conjuntas.
El propio presidente estadounidense utilizó redes sociales para difundir posiciones y material visual relacionado con Groenlandia, incluyendo imágenes generadas por inteligencia artificial que representan simbologías de control territorial. Estas publicaciones provocaron reacciones políticas y diplomáticas en Europa.
Francia propuso celebrar una cumbre del G7 para abordar las tensiones, iniciativa que no recibió respuesta pública por parte del mandatario estadounidense. Por su parte, los líderes de la Unión Europea han convocado una reunión para coordinar una postura común ante los intentos de influir en el estatus de Groenlandia.
Canadá declaró su apoyo firme a Dinamarca y Groenlandia en el conflicto diplomático, subrayando la solidaridad transatlántica. En Davos, representantes regionales y estatales de Estados Unidos también expresaron críticas hacia la conducta del presidente y pidieron unidad entre los aliados europeos.
La discusión en el Foro de Davos confirmó que la disputa por Groenlandia trasciende lo bilateral y plantea retos conjuntivos en seguridad y comercio entre Estados Unidos y sus socios europeos, obligando a los aliados a calibrar tanto la cooperación como las medidas de respuesta.



