La renuncia del director del Centro Nacional Contraterrorismo de Estados Unidos y las reacciones presidenciales tienen repercusiones en la política de seguridad del país y pueden afectar la estabilidad regional y los mercados locales.
Joe Kent presentó su dimisión en desacuerdo con la guerra contra Irán, y el presidente Donald Trump lo calificó de «débil en seguridad» tras conocer su carta de renuncia.
El mandatario defendió la intervención militar, argumentando que Irán representaba una amenaza y que se disponía de pruebas que justificaban el despliegue de recursos contra ese país.
La salida de Kent fue la dimisión de mayor rango desde el inicio del conflicto y abre una crisis interna en los servicios de inteligencia estadounidenses.
En su carta, Kent afirmó que no podía en buena conciencia apoyar la guerra porque, según él, Irán no constituía una amenaza inminente y la ofensiva respondió a presiones de Israel y su lobby en Estados Unidos.
La portavoz de la Casa Blanca replicó en redes sociales que la misiva contenía afirmaciones falsas y sostuvo que el presidente contaba con información sólida y convincente que avalaba la acción militar.
También rechazó que la orden del 28 de febrero hubiera sido dictada bajo la influencia de terceros, calificando esa acusación de infundada.
El conflicto con Irán ha dejado al menos trece militares estadounidenses fallecidos y ha impulsado al alza los precios de los combustibles, además de provocar críticas internas por parecer contradictorio con la promesa de priorizar asuntos domésticos.
Algunas voces próximas a la administración han repudiado la guerra por entender que contradice la campaña «Estados Unidos primero» y la intención declarada de mantener al país alejado de nuevas intervenciones exteriores.


