La reciente cancelación del programa CBP One y otras medidas implementadas por la administración del presidente de EE.UU. han impactado significativamente la situación migratoria en Tapachula, un punto neurálgico de la crisis migratoria en el sur de México. Activistas y migrantes han señalado que la competencia entre traficantes de personas por las rutas hacia la frontera norte se ha intensificado como resultado de estas políticas.
El director del Centro de Dignificación Humana en Tapachula ha resaltado que los costos de los viajes para los migrantes han incrementado, alcanzando entre 10,000 y 15,000 dólares, lo que también ha desatado confrontaciones entre diferentes cárteles y la policía local. Esta lucha por el control de las rutas de tráfico refleja la complejidad del panorama migratorio en la zona, donde los migrantes frecuentemente son abordados al cruzar el río Suchiate, que marca la frontera entre México y Guatemala.
La migración irregular se ha transformado en un negocio lucrativo. Un testimonio de una migrante cubana revela que pagó 5,000 dólares por su travesía desde Cuba hasta Nicaragua, y luego, adicionalmente, a traficantes que la transportaron a través de México. Esta migrante, quien labora largas jornadas en una empacadora, enfrenta la presión de cubrir sus gastos cotidianos mientras se encuentra en una situación legal incierta.
Otro testimonio, el de un migrante ecuatoriano, expone las complicaciones que enfrentan quienes carecen de documentos adecuados. Relata que las autoridades migratorias han solicitado pagos para permitir el paso, exacerbando su condición de vulnerabilidad mientras espera regularizar su situación.
La administración actual ha desmantelado varios programas migratorios establecidos por su predecesor, lo que ha dejado a más de medio millón de personas en un estado de limbo legal a la espera de resoluciones judiciales. En este contexto, el gobierno busca acelerar detenciones y deportaciones como parte de un esfuerzo por cumplir promesas de campaña dirigidas a la población indocumentada en EE.UU. Las implicaciones de estas políticas son profundas y continúan configurando la realidad migratoria en la región.






