El gobierno mexicano ha presentado una de sus propuestas clave para el 2026: la eliminación de los aranceles impuestos por Estados Unidos a los vehículos pesados fabricados en México. Según el secretario de economía, esta medida contradice los principios de libre comercio establecidos en el T-MEC, convirtiéndose en una prioridad estratégica para el país.
El funcionario argumenta que el primer paso que deberá solicitar México a Washington es el cumplimiento de lo dispuesto en el tratado, que establece que los componentes producidos en México deben recibir el mismo tratamiento que aquellos fabricados en Estados Unidos. Actualmente, se estima que aproximadamente el 60 por ciento de los elementos en los camiones ensamblados en México provienen de Estados Unidos, lo que implica que los aranceles deberían ser significativamente más bajos.
Ebrard indicó que las restricciones afectan de manera directa a la industria mexicana, a pesar de que los vehículos pesados incorporan una considerable proporción de piezas estadounidenses. Esta integración debería asegurar un trato preferencial, pero las tarifas actuales alteran el equilibrio establecido.
Durante la presentación de un acuerdo ambiental relacionado con la importación de vehículos diésel usados, el secretario de economía subrayó que México está recopilando rigor técnico y legal sobre los efectos de la medida, buscando presentar una base sólida en la revisión del tratado ante sus socios en América del Norte.
La estrategia del país se centra en replicar el modelo de los automóviles ligeros, donde las piezas de cualquiera de los tres países reciben un tratamiento equitativo. Esta acción permitiría que los vehículos pesados producidos en México, como los de la firma Volvo, reduzcan notablemente su carga arancelaria, mejorando así la competitividad del sector.
Ebrard también destacó que la postura de Estados Unidos compromete la reciprocidad que fundamenta el T-MEC y limita el potencial de integración de las cadenas productivas. Este asunto se ha convertido en un exponente de la nueva agenda comercial de México, que aboga por la defensa del contenido regional y la igualdad de condiciones frente a su principal socio comercial.
La relevancia del tema se amplifica al involucrar miles de empleos y un mercado que depende de exportaciones constantes hacia el norte. El gobierno mexicano busca que la revisión del tratado reafirme su papel crucial en la cadena de suministro automotriz del continente.
Simultáneamente, la Secretaría de Economía está desarrollando una estrategia diplomática para que las autoridades estadounidenses reconozcan el efecto de estas medidas, con la meta de establecer un sistema de cooperación que beneficie la producción regional en lugar de penalizarla.
México se presenta ante esta negociación con una posición firme y un mensaje claro: el libre comercio debe fundamentarse en normas que se respeten, no en decisiones unilaterales que puedan amenazar la estabilidad de su industria.


