Un estudio internacional advierte que las emisiones por incendios forestales y quemas controladas son notablemente mayores de lo estimado, un hallazgo que puede repercutir en la calidad del aire en Michoacán y otras regiones afectadas por incendios.
La investigación recalcula las emisiones de compuestos orgánicos liberados por los fuegos y concluye que las cifras previas han subestimado el alcance de la contaminación atmosférica.
Los científicos incorporaron en sus estimaciones compuestos orgánicos intermedios y semivolátiles, además de los ya conocidos compuestos orgánicos volátiles, que tienden a formar partículas finas perjudiciales para la salud.
Estos componentes, que hasta ahora se habían pasado por alto en la mayoría de los inventarios, aumentan la carga contaminante atribuible a los incendios.
Para elaborar el nuevo inventario se combinaron bases de datos globales sobre áreas quemadas con mediciones de emisiones por tipo de vegetación, completando lagunas con experimentos de laboratorio cuando no había datos de campo.
Con ese enfoque, el equipo estimó un promedio anual de emisiones de compuestos orgánicos considerablemente superior a las estimaciones anteriores, aproximadamente 21% más.
Al comparar fuentes, las emisiones derivadas de actividades humanas resultaron en general mayores que las de los incendios, pero ambas liberan cantidades similares de compuestos intermedios y semivolátiles.
Además, el estudio identifica puntos calientes de emisiones en Asia ecuatorial, en varios países del África al norte del ecuador y en el sudeste asiático, zonas que enfrentan desafíos complejos de calidad del aire.
Los autores sostienen que el inventario actualizado puede servir como base para modelados más detallados de la calidad del aire, evaluaciones de riesgo sanitario y el diseño de políticas destinadas a reducir las emisiones tanto por incendios como por actividades humanas.


