Smart fue una presencia reconocible en México desde 2003, especialmente por el modelo fortwo, icono de los años 2000 por su tamaño y diseño. La compañía comercializó en el país las tres generaciones del fortwo, el roadster y dos iteraciones del forfour, incluidas variantes basadas en plataformas compartidas con Renault en sus últimas versiones.
La salida de smart del mercado mexicano estuvo vinculada a su estrategia global de electrificación anunciada en 2018: la marca se comprometió a ser 100% eléctrica, lo que implicó una reconfiguración rápida de producto y red de ventas. Las variantes EQ fortwo y EQ forfour existían, pero no eran competitivas en México por varias limitaciones.
Factores clave que limitaron la viabilidad de los modelos eléctricos de smart en México:
– Precio relativamente alto frente al mercado objetivo.
– Espacio interior reducido, menos atractivo para compradores urbanos con necesidades prácticas.
– Autonomía limitada (aprox. 150 km), insuficiente frente a la infraestructura de carga y patrones de uso locales.
Estos factores, junto con la baja adopción general de vehículos eléctricos en ese momento, provocaron que la propuesta técnica y comercial de smart no encajara en el mercado mexicano, llevando a la retirada de la marca.
En 2020 Geely adquirió el 50% de smart, lo que permitió la supervivencia de la marca y su reposicionamiento técnico. Smart abandonó el concepto de microautos para enfocarse en vehículos eléctricos de mayor tamaño y enfoque convencional: SUVs (smart #1 y smart #5) y sedán (smart #6), con el fortwo reconceptualizado como smart #2 en la hoja de ruta.
Impacto para el mercado y los usuarios en México: la partida dejó un nicho de entusiastas con unidades de coleccionista y una demanda por repuestos y servicios especializados. Para el sector automotriz local, el caso muestra las barreras que enfrentan los modelos eléctricos compactos cuando la infraestructura de carga, la estructura de precios y las expectativas de autonomía no están alineadas.
Desde un punto de vista técnico-comercial, el retorno de smart a México dependerá de: competitividad de precio, autonomía real de las nuevas plataformas, disponibilidad de carga pública y privada, y una red de distribución/servicio capaz de soportar los nuevos modelos. Hasta ahora, esa combinación sigue siendo incierta para el país.



