La celebración por el triunfó de la Selección Mexicana se tornó trágica en la Ciudad de México, con el fallecimiento de cuatro personas durante los festejos en los alrededores del Ángel de la Independencia. Este evento ha generado preocupación entre los ciudadanos sobre la seguridad en actividades masivas.
Las víctimas fueron identificadas como Irais Robles, de 19 años, y Leonardo Ruiz, de 44. Ambos perdieron la vida en la esquina de Alancastre y Paseo de la Reforma, donde la multitud era tan densa que quedaron atrapados y sufrieron un colapso. A pesar del pronto arribo de los servicios de emergencia, la evacuación fue difícil y, al ser trasladados al hospital San Ángel Inn, fueron declarados sin signos vitales debido a sofocación.
Alicia Matías Teodoro, de 48 años, también fue una de las víctimas. Fue hallada inconsciente en la calle Berna, cercana a Reforma, y a pesar de ser trasladada de urgencia, fue declarada muerta en el hospital. La causa de su fallecimiento fue asfixia. Ricardo Corona Hernández, de 30 años, fue la cuarta persona en morir. Al llegar los paramédicos, se encontraba en condición crítica por convulsiones y hemorragia, siendo declarado sin vida al llegar a la clínica.
Las autoridades realizaron peritajes para investigar las circunstancias que llevaron a que las víctimas quedaran atrapadas en la multitud. De acuerdo con algunos ciudadanos, estas tragedias podrían haberse evitado si los protocolos de seguridad hubieran sido más efectivos.
Los testimonios reflejan un sentimiento de frustración. Por un lado, Andrea Bolléz, empleada en la zona, argumentó que, aunque es válido festejar, se deben implementar medidas más estrictas sobre el aforo y el consumo de alcohol. En contraste, Alan Callejas afirmó que controlar a una gran multitud en un solo lugar es una tarea complicada, pero las autoridades deben demostrar capacidad para prevenir incidentes.
Isabel Rivera, otra residente de la zona, sugirió que las autoridades consideren la posibilidad de suspender festejos masivos, señalando que, aunque hubo supervisión, el acceso de alcohol y drogas se volvió incontrolable.
Además de las víctimas fatales, se reportó que 28 personas recibieron atención médica en diversos hospitales debido a la aglomeración. Las calles de Alancastre y Berna, por su estrechez, contribuyeron a la formación de un embudo humano, lo que aumentó el riesgo durante la celebración.










