Más de 1,700 personas han muerto a causa del ébola en el este de la República Democrática del Congo, en el brote más veloz registrado hasta la fecha. Las autoridades han confirmado 3,802 casos desde el inicio de la crisis sanitaria, lo que ha generado alarmas en la región.
Jean Kaseya, director general de los CDC de África, advirtió sobre el alto porcentaje de nuevos contagios que surgen de la transmisión comunitaria, superando el rastreo de contactos. Kaseya realizó una visita a la ciudad de Bunia, cercana al epicentro de la epidemia, donde la situación se complica por factores como la desconfianza en las autoridades y la violencia de grupos armados.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, planea visitar Kinshasa y Bunia en los próximos días. Este brote, que comenzó el 15 de mayo y se asocia al virus Bundibugyo, no tiene vacunas ni tratamientos aprobados, lo que ha dificultado la respuesta de las autoridades.
En la remota provincia de Ituri, donde se concentra casi el 90% de los casos, se están realizando ensayos clínicos de medicamentos y vacunas. Sin embargo, el conflicto armado y la minería ilegal han obstaculizado el rastreo de contactos, complicando aún más la situación.
El monitoreo de más de 17,000 contactos potenciales se lleva a cabo, aunque la falta de identificación del paciente cero sigue siendo un desafío crucial. Los trabajadores de la salud en Mongbwalu han emitido un ultimátum por salarios impagos y condiciones laborales peligrosas, lo que añade presión a un sistema ya afectado.
El brote registrado está evolucionando de manera más rápida en comparación con episodios anteriores, como el de 2014-2016, lo que plantea serias preocupaciones sobre la efectividad de la respuesta y la financiación disponible para abordar esta crisis sanitaria.









