{"id":128202,"date":"2026-03-17T20:53:16","date_gmt":"2026-03-18T02:53:16","guid":{"rendered":"https:\/\/contactonoticias.com.mx\/?p=128202"},"modified":"2026-03-17T20:53:16","modified_gmt":"2026-03-18T02:53:16","slug":"despues-de-angel-yael","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contactonoticias.com.mx\/index.php\/despues-de-angel-yael\/","title":{"rendered":"Despu\u00e9s de \u00c1ngel Yael"},"content":{"rendered":"<p><strong>De la indignaci\u00f3n universitaria al patr\u00f3n que el Estado no ha corregido<\/strong><\/p>\n<h3><em>Por: Francisco A. Mijangos Ram\u00edrez<\/em><\/h3>\n<p>El asesinato de \u00c1ngel Yael no solo indign\u00f3: moviliz\u00f3. Como se recordar\u00e1, hace cuatro a\u00f1os, \u00c1ngel Yael, estudiante de ingenier\u00eda en Agronom\u00eda de la Universidad de Guanajuato, fue abatido \u2014sin raz\u00f3n que lo justificara\u2014 por elementos de la Guardia Nacional. La reacci\u00f3n fue inmediata: miles de estudiantes y ciudadanos salieron a las calles en la capital del estado. Las escalinatas de la universidad se llenaron, y el edificio central se convirti\u00f3 en el epicentro de una protesta que, sin matices, sosten\u00eda que esa muerte nunca debi\u00f3 ocurrir.<\/p>\n<p>Hoy, ese caso vuelve al presente.<\/p>\n<p>No por la memoria, sino por la justicia: en estos d\u00edas est\u00e1 por iniciar la audiencia de juicio en el proceso penal que busca esclarecer lo ocurrido y, eventualmente, determinar responsabilidades.<\/p>\n<p>No fue \u00fanicamente el reprobable caso de Yael el que movi\u00f3 a esa gente. Hab\u00eda algo m\u00e1s profundo en el aire: la sensaci\u00f3n compartida de que el Estado estaba fallando en algo esencial, el uso racional de la fuerza frente a su propia poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La respuesta, vista desde los hechos, resulta inc\u00f3moda, pues el caso de \u00c1ngel Yael no marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n donde se superaran los errores que causaron su muerte. Fue, m\u00e1s bien, el s\u00edntoma de un patr\u00f3n institucional. En 2025, en Juventino Rosas, un menor de 13 a\u00f1os muri\u00f3 durante un operativo atribuido a la Guardia Nacional. No hubo marchas multitudinarias ni cobertura medi\u00e1tica sostenida, pero el esquema se repiti\u00f3: un uso letal de la fuerza seguido de explicaciones oficiales que se limitan a dos promesas recurrentes: que ya se inici\u00f3 una carpeta de investigaci\u00f3n y que no habr\u00e1 impunidad.<\/p>\n<p>En febrero de 2026, en Celaya, un joven de 17 a\u00f1os volvi\u00f3 a encajar en esa secuencia. Otro nombre. Otra familia. Otra versi\u00f3n. Y hay casos que no encajan del todo en esa l\u00f3gica de intervenci\u00f3n directa de la GN en la muerte de ciudadanos, pero abonan a la pol\u00e9mica.<\/p>\n<p>En Le\u00f3n, en 2024, cuatro mujeres y dos ni\u00f1os fueron asesinados dentro de su casa. Despu\u00e9s se supo, a trav\u00e9s de un video, que elementos de la Guardia Nacional hab\u00edan estado ah\u00ed minutos antes del ataque. La autoridad neg\u00f3 cualquier v\u00ednculo. Pero el dato persiste: la presencia del Estado en aquella escena antes de haberse perpetrado el crimen no fue explicada y tampoco evit\u00f3 la tragedia.<\/p>\n<p>Eso cambia el enfoque.<\/p>\n<p>Porque ya no se trata solo de fallas o errores en operativos. Se trata de algo m\u00e1s inquietante: qu\u00e9 ocurre cuando la intervenci\u00f3n del Estado no protege, no disuade y tampoco logra explicar con claridad lo que pas\u00f3.<\/p>\n<p>Mientras la narrativa oficial se sostiene en argumentos que dan pie al debate p\u00fablico, la supuesta reducci\u00f3n de homicidios (seguida de incrementos enormes en desaparici\u00f3n de personas), despliegue territorial, coordinaci\u00f3n entre fuerzas de los tres niveles de gobierno, el problema no es solo cu\u00e1ntos homicidios hay.<\/p>\n<p>Es qui\u00e9n los comete.<\/p>\n<p>Cuando agentes del Estado aparecen, una y otra vez, como protagonistas en la muerte de civiles, el debate deja de ser t\u00e9cnico. Se vuelve pol\u00edtico y, sobre todo, moral.<\/p>\n<p>La Guardia Nacional fue presentada como una alternativa de car\u00e1cter civil. Hoy, en la pr\u00e1ctica, su integraci\u00f3n a la estructura militar y la ampliaci\u00f3n de sus facultades apuntan hacia otro lado: m\u00e1s poder operativo, sin un crecimiento proporcional en los controles civiles.<\/p>\n<p>El caso de \u00c1ngel Yael tard\u00f3 casi cuatro a\u00f1os en llegar a juicio. Cuatro a\u00f1os para determinar si lo que ocurri\u00f3 en segundos fue un delito. Esa distancia no es solo t\u00e9cnica. Es pol\u00edtica.<\/p>\n<p>M\u00e9xico enfrenta un dilema que no se resuelve con estad\u00edsticas: puede reducir ciertos niveles de violencia y, al mismo tiempo, normalizar que sus propias fuerzas est\u00e9n involucradas en abusos graves sin consecuencias inmediatas. Volver hoy a ese caso no es solo un ejercicio de memoria, es una prueba. Es preguntarnos si aquella indignaci\u00f3n que llen\u00f3 las calles produjo cambios reales o si se qued\u00f3 en consignas.<\/p>\n<p>Porque lo que estaba en juego entonces \u2014y sigue est\u00e1ndolo ahora\u2014 no es \u00fanicamente la eficacia de la estrategia de seguridad. Es algo m\u00e1s elemental: si el Estado puede ejercer la fuerza sin controles efectivos, sin rendici\u00f3n de cuentas oportuna y, en algunos casos, sin garantizar siquiera que su presencia reduce la violencia, deja de ser \u00fanicamente un garante de seguridad.<\/p>\n<p>Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es si una muerte nunca debi\u00f3 pasar. La pregunta es cu\u00e1ntas m\u00e1s estamos dispuestos a aceptar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caso de \u00c1ngel Yael no marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n donde se superaran los errores que causaron su muerte. 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