La medida de Estados Unidos de imponer aranceles a quienes vendan o suministren petróleo a la isla amenaza con provocar en semanas una asfixia energética en Cuba, según advierten autoridades y expertos, lo que tendría impacto directo en el suministro eléctrico y el transporte.
La orden ejecutiva de Washington impone sanciones para limitar el acceso de la isla a combustibles y fue presentada como una respuesta a supuestos riesgos para la seguridad nacional de EE. UU.
El Gobierno cubano condenó la decisión y no emitió una intervención oficial a nivel televisivo para explicar la respuesta estatal, aunque el presidente Miguel Díaz‑Canel cuestionó en sus mensajes públicos la legitimidad de la medida y la calificó con términos muy duros.
En el texto de la orden, Washington argumenta que la isla estaría alineada con potencias como Rusia, que habría facilitado actividades de espionaje y de grupos transnacionales, y denuncia violaciones de derechos humanos y represión política, para justificar la declaración de una “emergencia nacional”.
El documento estadounidense incluye, además, la posibilidad de modificar las sanciones si Cuba o los países involucrados adoptan pasos significativos que respondan a las preocupaciones de seguridad planteadas por EE. UU.; el Gobierno cubano ha señalado que no descarta negociaciones, siempre que sean “entre iguales” y sobre la base del respeto mutuo, aunque hasta ahora no ha reportado contactos bilaterales.
Pocas reacciones internacionales llegaron de inmediato; China y Venezuela criticaron la medida y la presidenta de México advirtió sobre el riesgo de una posible crisis humanitaria de gran alcance en la isla por un eventual bloqueo petrolero.
Cuba ya enfrentaba déficits crónicos de combustible que se traducen en prolongados apagones diarios, y expertos del sector energético pronostican un rápido deterioro si se interrumpen las entregas de crudo o combustibles en las próximas semanas.
El especialista Jorge Piñón advirtió que, si en seis a ocho semanas no se registran nuevas entregas desde países proveedores o compras propias, la isla podría enfrentarse a una grave crisis energética, con el diésel como uno de los combustibles críticos por su uso en transporte, agricultura, industria, distribución de agua y grupos electrógenos.
La generación distribuida —equipos repartidos por todo el país que funcionan con diésel y fueloil— contribuye en torno al 40 % del mix energético, por lo que la escasez de estos combustibles impactaría de manera amplia en el sistema eléctrico nacional.
Cuba requiere alrededor de 110.000 barriles diarios, estiman fuentes independientes; cerca de 40.000 proceden de la producción nacional. Entre los proveedores externos, Venezuela suministró el año pasado alrededor de 27.000 barriles diarios, México entre 6.000 y 12.000, y Rusia unos 6.000, según diversos registros.
La diferencia entre la oferta real y las necesidades externas, estimada en decenas de miles de barriles diarios, explica en buena parte los cortes de energía y la presión sobre el sistema energético cubano que podría agravarse si se materializan las sanciones.



