Miles de comerciantes y trabajadores informales en México concentran una parte significativa de sus ingresos en la temporada decembrina, periodo en el que los consumidores de menores ingresos recurren con frecuencia a mercados y tianguis por sus precios más accesibles. La informalidad laboral afecta a más de la mitad de la población ocupada, según cifras oficiales.
En pasillos y calles del centro de la Ciudad de México, la afluencia y el ritmo de ventas reflejan ese fenómeno: vendedores de temporada reportan que diciembre suele ser el mejor mes del año porque la demanda aumenta y los compradores adquieren “por docenas o por más piezas”, en palabras de una comerciante de artículos invernales. Consumidores entrevistados señalan el precio y la proximidad como factores determinantes al elegir estos puntos de venta, y también expresan la voluntad de apoyar a comerciantes locales ante la difícil situación económica.
Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sitúan a la economía informal como una porción relevante del producto interno bruto nacional y calculan que decenas de millones de personas trabajan en la informalidad. Ante este panorama, la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur) advierte que no conviene estigmatizar esos espacios porque la informalidad es un problema estructural. Su dirigente subraya, no obstante, que los consumidores en mercados informales se enfrentan también a riesgos como la piratería, el contrabando y la comercialización de bienes robados o sin garantías de calidad y seguridad.
Desde la perspectiva empresarial, la barrera para la formalización incluye trámites, inspecciones y costos que, según Concanaco, hacen que “ser formal en México sea muy caro y muy difícil”. La confederación estima el costo promedio de acceso a la formalidad en alrededor de 28.000 pesos y señala que los gastos recurrentes para mantenerse formal representan la principal barrera. Su propuesta es facilitar la salida de la “trampa” de la informalidad para que la formalidad ofrezca acceso a crédito, vivienda y seguridad social.
Las estimaciones del propio sector prevén una importante derrama en el comercio formal durante las festividades de fin de año, impulsada por turismo doméstico, transporte, hotelería y gasto en celebraciones. Organismos financieros y consultoras privadas, por su parte, calculan que las familias pueden destinar montos considerables a cenas y regalos, mientras que el gasto promedio en presentes se sitúa en cifras menores, aunque significativas para los presupuestos familiares.
El episodio navideño pone en evidencia tensiones clave para la política económica mexicana: la necesidad de mantener mercados activos y protegidos para consumidores y pequeños comerciantes, al tiempo que se diseñan incentivos y facilidades para que más unidades económicas transiten a la formalidad sin perder competitividad ni ingresos.



