En 1961, los habitantes del pueblo de Jalapa del Marqués, en Oaxaca, fueron desalojados y reubicados debido a la construcción de la presa Presidente Benito Juárez. Este proceso culminó en la inundación intencional de sus tierras con 947 hectómetros cúbicos de agua provenientes de los ríos Tehuantepec y Tequisistlán.
Sin embargo, un edificio emblemático ha logrado sobrevivir a este fenómeno: un antiguo templo construido por frailes dominicos en el siglo XVI, conocido como el «templo fantasma». Este monumento cultural emerge anualmente cuando el nivel de la presa desciende, convirtiéndose en una atracción turística que conecta la historia con el presente.
### Un encuentro con la historia
Cada año, el municipio de Jalapa del Marqués recibe a numerosos visitantes que desean observar cómo el templo se revela entre las aguas. La estructura se caracteriza por sus dos cúpulas, junto con majestuosos muros y columnas que, en su reaparición, ofrecen un impresionante espectáculo visual.
Los residentes, como algunos de 52 años, han aprendido a esperar con cierta familiaridad el regreso del templo cada temporada de sequía, recordando avistamientos memorables del edificio en años anteriores.
### El pasado de Jalapa Viejo
El templo es la única edificación actualmente visible relacionada con «Jalapa Viejo», como lo llaman los lugareños a la comunidad fundada alrededor de 1480. Este pueblo, antes próspero, fue sumergido en un proyecto gubernamental que buscaba aprovechar los recursos hídricos de la región para el desarrollo agrícola. En 1961, la población fue reubicada cerca de la carretera federal Cristóbal Colón, y en 1962 se estableció el Distrito de Riego 019, con el objetivo de expandir las áreas cultivables en el Istmo de Tehuantepec.
Aunque el proyecto benefició a otras regiones, los habitantes de Jalapa Viejo recibieron terrenos de menor calidad, lo que resultó en una disminución de la producción agrícola y obligó a muchos a buscar nuevas oportunidades fuera de la comunidad.
En la actualidad, Jalapa del Marqués alberga a más de 11,000 personas y se encuentra a 220 kilómetros de la capital, Oaxaca de Juárez, un trayecto que toma aproximadamente tres horas y quince minutos en automóvil. Junto al templo hundido, uno de los atractivos locales son las mojarras, que también atraen a quienes visitan la región.


