Por Mario Cervantes
La reunión de ayer encabezada por Luisa María Alcalde dejó más lecturas entre líneas que acuerdos visibles. Lejos de ser una muestra de cohesión, el encuentro evidenció que Morena en Guanajuato sigue operando bajo una lógica de equilibrios frágiles y acuerdos no escritos.
Uno de los elementos más reveladores fue la presencia de Ricardo Sheffield Padilla. Su asistencia confirma que está retomando, poco a poco, presencia en el estado. No es casual ni menor. Más aún, comienza a percibirse una tregua tácita con el grupo de los Prieto, algo que hace apenas unos meses parecía políticamente inviable.
Pero si las presencias mandan señales, las ausencias hablan aún más fuerte. La falta de varios perfiles relevantes vuelve a poner en entredicho la operación política de Luisa María Alcalde ante la ausencia de Alma Alcaraz delegada del bienestar en Guanajuato quien continúa arrastrando conflictos con Ricardo Sheffield que no ha logrado resolver. La desarticulación es evidente y se traduce en grandes vacíos.
¿Cómo es posible que la propia delegada del Bienestar en Guanajuato no esté presente en una reunión de esta naturaleza, encabezada por la dirigencia nacional de su partido?
La ausencia de Alma confirma el nivel de desconexión interna que vive el movimiento en el estado. Más que una omisión, parece un síntoma claro de la falta de control político y de una estructura que no termina de consolidarse.
En ese mismo escenario, llamó la atención el encuentro entre Hades Aguilar Castillo y el grupo de los Prieto, pese a que existen procesos legales en curso entre ellos (aún sin sentencia) La imagen reflejada resume la hipocresía más grande de la política en Guanajuato: adversarios que se sonríen mientras se apuñalan por la espalda. Hades Aguilar Castillo y el grupo de los Prieto no esconden el fondo del conflicto; la animadversión es profunda, incluso mayor que la que mantienen frente al PAN.
Lo que hoy parece una tregua es apenas una pausa táctica. El verdadero escenario se verá en campaña, particularmente en Salamanca, donde no sería extraño que se operen movimientos incluso con partidos contrarios con tal de frenar una candidatura. En política, la foto rara vez cuenta toda la historia.
Quien tomó ese momento para “posicionarse” fue David Méndez Mendizábal, pero no desde la construcción de agenda, sino desde su ETERNA defensa política por Hades Aguilar. Más alineamiento interno que propuesta hacia afuera.
Y si de reflectores se trata, el papel de Jesús Ramírez Garibay vuelve a ser el mismo: “presencia constante”, “participación activa” pero sin aterrizar en propuestas tangibles. Mucha foto, poca sustancia.
El clásico adulador que acompaña, celebra y aplaude, pero sin aterrizar.
Jesús me hace recordar a un gran mentor que tengo en la vida que siempre me ha enseñado que en esta vida : “ El que adula… Traiciona”
En contraste, destacó por su ausencia del Senador Emmanuel Reyes Carmona, quien no apareció bajo el argumento de una avería en carretera. Una explicación que, en política, rara vez se queda solo en lo logístico.
A esta lista se suma Bárbara Botello Santibáñez, quien simplemente no estuvo presente.
No todo es negativo. Existen perfiles que están haciendo su parte, como Job Gallardo, que ha mostrado trabajo constante en lo local, o Ricardo Ferro Baeza, quien cada vez se perfila con mayor claridad como posible abanderado en San Miguel de Allende.
Sin embargo, en Irapuato la representación dejó mucho que desear. Hizo falta la presencia de perfiles que sí han venido trabajando con consistencia, como Irma Leticia González Sánchez, cuya ausencia debilita el peso territorial en un municipio clave.
Morena en Guanajuato atraviesa una etapa peculiar: treguas incómodas, liderazgos fragmentados y una constante disputa por espacios internos. El desgaste de la marca PAN es inminente; eso es evidente en el ánimo social y en los ciclos políticos. Pero también es cierto que la caballada en Morena sigue siendo flaca: no se están fortaleciendo perfiles con seriedad, y lo poco que avanza el partido parece depender más del desgaste del adversario que de una construcción propia sólida.
En ese contexto, hay un riesgo mayor que no se puede ignorar: la ruptura interna y la posible presencia de grupos criminales vinculados a algunos perfiles pueden terminar por tirar cualquier avance político construido.
Por eso, más allá de la foto, será fundamental observar quiénes aparecen en ella cuando llegue el momento de las candidaturas. No basta con la cercanía política ni con la lealtad de grupo. Será indispensable que quienes aspiren a cargos de elección popular puedan acreditar, sin duda alguna, que están libres de cualquier vínculo o colusión con el crimen organizado.
Porque en un estado como Guanajuato, ese ya no es un tema político: es una exigencia mínima de gobernabilidad.


